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62 AEC 92 MARTES 19- 5- 92 La Expo, por encima del hombro Mohamed Nawaz Mizari, el gigante de Pakistán, mide dos metros y medio Si hay alguien en la Exposición Universal de 1992 que sea capaz de mirar por encima del hombro hasta el mismísimo Jacinto Pellón, que no es lo que se dice una miniatura, ese alguien es nada más y nada menos que Mohamed Nawaz Mizari, un pakistaní de dos metros y medio de largo y doscientos kilos de peso que está Lo encontré en el centro del efímero pabellón de Pakistán, una construcción moderna con símbolos islámicos en la fachada que pretende despertar en el visitante la c o n c i e n c i a de q u e Oriente y Occidente son dos caras de un mismo mundo y que las culturas a n c e s t r a l e s y la avanzada tecnología son el anverso y el reverso de una sola humanidad. Esos dos mundos convertidos en uno solo podrían representarse perfectamente en dos hombres convertidos también en uno solo merced a los caprichos de la naturaleza. Porque Mohamed Nawaz Mizari parece recién salido de unas rebajas: el cien por cien más de producto por el mismo precio y en el mismo envase. Ha hecho una película y su gran ilusión es aprender a jugar al baloncesto Sevilla. Antonio de la Torre haciendo las delicias de todos los visitantes. Es la gran atracción de la representación de su país en la Cartuja y se siente orgulloso de ello. Admite con buen humor las bromas del personal- q u e también se las trae- y saluda con simpatía, además de con unas enormes manazas, a todo aquel que, casi extasiado, se le acerca. tros y pesar doscientos kilos. Y confiesa sin rubor que vive precisamente de eso, de su estatura y de las subvenciones que le otorga su gobierno para que, como ocurre en la Expo, lo represente: También- a ñ a d e he hecho una película y quiero hacer más, ser actor de cine Vino a la Expo porque le hacía ilusión participar de nuevo en una muestra universal: Ya estuve en la de Osaka y me encantó hacer este trabajo. La gente se porta muy bien, es simpática y agradable. ¿Las bromas? No, no me importan en absoluto. Estoy acostumbrado a bromear yo también con los visitantes Añade que a veces le cansa su trabajo, aunque no permanece en el Pabellón durante toda la jornada porque, evidentemente, aquí no pueden hacerse turnos. Pese a todo, son muchas las horas que está dando vueltas tanto por el interior como por el exterior del edificio. Si Mohamed sale a la calle, la reacción del público es inmediata. La bulla se forma a su alrededor y quienes la integran acaban visitando el pabellón pakistaní. En los momentos de menor aglomeración, aprovecha para descansar sentado en su silla: Apenas he podido ver Sevilla y la Expo en el tiempo que me queda libre- señala en uno de estos breves ratos de rel a x- pero lo que he visto me ha entusiasmado Le pregunto a Mohamed cómo se ve el mundo desde ahí arriba, como se ve la Expo por encima del hombro, y contesta que le parecemos todos muy pequeñitos. Pero no todo es superioridad para este gigantón que también se lamenta de algunos inconvenientes de su estatura: Las sillas son muy pequeñas para mi, me cuesta mucho trabajo acomodarme en los automóviles y, por supuesto, no encuentro en ninguna parte ropas de mi talla Tras su paso por la Expo, el personaje que podríamos llamar emblemático del Pabellón de Pakistán tiene muchos proyectos, pero hay un deseo que acaricia con especial obsesión: Me gustaría mucho- d i c e- aprender a jugar al baloncesto Pues al menos, así a simple vista, parece que cualidades no le faltan. Misión de altura Lo que Mohamed hace en el Pabellón de Pakistán en la Expo puede considerarse sin temor alguno a exageración una misión de altura. Y no solo por la talla del personaje, sino por lo que supone de atractivo para una representación cuyos contenidos no son ni mejores ni peores que otros, sino simplemente acordes con la situación económica del país. De este modo, gracias a las grandezas de este gigantón, la encargada de sellar los pasaportes en el pabellón casi no da abasto en toda la jornada. Porque conservar en el cuadernillo de las quinientas pelas de Pellón el sello pakistaní- m u y vistoso, por c i e r t o- es también prueba fehaciente, aparte del vídeo y la fotografía, de haber conocido- y tal vez saludado- a uno de los hombres más altos del mundo: No, no es el más alto- m e comenta una de las empleadas del p a b e l l ó n- De hecho, en nuestro país hay todavía uno más grande que éi Huelga preguntar a Mohamed Nawaz cuales son sus cometidos concretos en el pabellón pakistaní. Lo compruebas con sólo observarlo durante algunos minutos. Naturalmente donde más cómodo se encuentra es sentado en la silla situada a la derecha de la entrada del edificio. Pero eso no e s lo q u e l a gente le pide. Mohamed forma parte del contenido del pabellón y el visitante desea verlo en plena acción, es decir de pie y luciendo Mohamed Nawad Mazarí hojea un ejemplar de ABC, mientras recibe a los visitantes de la Expo en la puerta del Pabellón de Pakistán. su portentosa humanidad en una actitud que, lejos de inspirar el menor desafío, despierta un bello sentimiento de ternura. Vestido con el traje típico de su país- caftán y pantalón blanco, chaleco rojo de pedrería y sombrero cuyo remate recuerda la cresta del popular Curro lo mismo absorbe la mano de aquel que se la tiende que merodea entre los objetos expuestos gastando y aceptando las lógicas bromas que su presencia suscita. Igual se retrata con una ancianita simpaticona que coge en sus brazos un bebé o a una muchachita casadera, que hay placeres exclusivos de los más grandes. Desde luego, la primera reacción del visitante a n d a l u z es siempre la misma: ¡Ojú que tío más grande! Y como no habla ni entiende nuestro idioma, pues tampoco le importa demasiado que le digan que está harto de Cola- Cao que es un ogro o, como le llamó un poeta, lo más alto de la Expo después de la torre de Banesto Baloncesto ¿Pero quien es en verdad este personaje digno de figurar con todos los honores entre los que calzan zancos durante la cabalgata vespertina? Pues, según el mismo cuenta, Mohamed Nawaz Mizari nació hace treinta y dos años en la ciudad pakistaní de Sukkur, en la región de Sind, tierra seca situada al sur del país donde la proximidad de un gran embalse permite el cultivo del arroz. Ni que decir tiene que nuestro hombre fue creciendo fuerte y vigoroso hasta medir dos metros y cincuenta centíme-
 // Cambio Nodo4-Sevilla