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EDITADO PRENSA POR ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 8 DE ENERO DE 1993 UIÉN será Blas el del punto redondo? ¿Y aquel Mateo que a todas partes iba con su guitarra? ¿Conoce alguien a Ambrosio el de la carabina? ¿Y a Picio, que era más feo que el sargento de Utrera? ¿Qué Catalina era aquella a la que siempre se le está preguntando que si quieres arroz, Catalina? ¿Y la Maricastaña de los tiempos lejanos? ¿Por qué se queda un cristiano a la luna de Valencia y no a la de Alicante, o entre Pinto y Valdemoro, y no entre Olmedo y Medina, pongo por ejemplo? Todo esto y más se pregunta mi cofrade Torcuato Luca de Tena, santo de mi devoción, en un artículo lúdico y flagrante, de chispa y de piñata, algo así como una restallante traca de refranes, de dichos y de frases hechas. Dejemos los refranes a un lado, por más que yo los use a veces y los invente a ratos, que dicen que hombre refranero, poca carne en el puchero, que sólo le faltaría eso al año, dejarnos viudo el cocido. Y vayamos a los dichos y frases hechas, que a lo mejor en alguna de sus necesidades puedo yo- socorrer a don Torcuato, por más que de dómine no llegue ni al de Cabra. Quedarse a la luna vale por quedar uno chasqueado en sus propósitos y burlado en sus ilusiones. Pero quizá más exactamente signifique quedarse en blanco, o al verde, o a dos velas, o con el culo en las goteras, o con una mano atrás y otra delante. Vamos, sin un duro. Así lo usa Mateo Alemán en el Guzmán y Quevedo en las Capitulaciones y Baltasar de Alcázar en el epigrama a la mujer del juez que recaudaba los cohechos del marido. La frase primitiva es dejar a la luna y luego se añadiría lo de Valencia. Lo de Valencia es un añadido más intrincado y discutible, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escri ben Unos quieren que el dicho se aplicara a los barcos que se quedaban en la bahía valenciana sin lograr abrigarse en el puerto por él mal estado de la mar; y otros, que se refiere a cierto sujeto que se quedó en el patio abierto o corral de una casa toda la noche, al sereno, sin poder entrar en ella; y aún hay algún tercero que trae la causa del dicho en un banco en forma de media luna que pusieron fuera de las murallas de la ciudad para que allí pasaran la noche los que llegaban a ella cerradas ya las puertas de la muralla. ¡Vaya usted a saber! El caso es que hay una vieja copla popular valenciana que dice: Me fui a la luz de la luna a hablar contigo a la reja; no saliste y me dejaste a la luna de Valencia Hubo en Pinto un borrachín que, por las noches y ya con la cogorza pillada, se iba a un regato que discurría entre Pinto y Valdemoro, o quizá discurra todavía, porque huyó lo que era firme, y solamente lo fugitivo permanece y dura que dijo el puñetero patizambo. El borrachín se entretenía en saltar el arroyo hacia un lado, y luego hacia el otro, mientras gritaba: Ahora estoy en Pinto o Ahora estoy en Valdemoro Una noche en que fue más gloriosa la papalina, se cayó al riachuelo, y allí seguía gritando: Ahora estoy entre Pinto y Valdemoro No pondría yo la mano en el fuego para testificar la existencia del tumbacuartillos del cuento. En el Refranero de Martínez Kleiser se puede encontrar uno que reza así: Vino tinto, si no lo hay de 7 ¿Q EL QUID DE UNOS DICHOS ABC DOMICILIO SOCIAL CARDENAL ILUNDAIN, 9 41013 SEVILLA DL: SE. -3- 58. -156 PAGS. FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA Desde entonces se le citaba como modelo de fealdad. Se refugió en Lanjarón, pero de allí le echaron por impío, pues no pisaba la iglesia Valdemoro, démelo Pintó y añade el compipor no quitarse el pañuelo que le cubría la calador que de ahí viene la frase entre Pinto y Valdemoro que por ahí andan los que se beza y parte de la cara. Total, que este Picio consuelan y letifican con cualquiera de los debía de ser más feo aún que el sargento de Utrera, nebuloso personaje del que sólo se dos vinos. sabe que su nodriza, por no verle la cara, le Circula entre los curiosos de los dichos otro daba la papilla por el trasero, y cuando estaba cuentecillo que habla de cierto señor feudal, en trance de muerte, el cura le administró los llamado Blas, que impartía justicia entre sus santos óleos con caña, por no acercarse. vasallos. Cuando fallaba un litigio, no admitía Dicen las gentes que la carabina de Amqueja ni apelación, y ordenaba que retiraran brosio estaba cargada de cañamones y sin de su presencia al perdedor quejumbroso. pólvora. En la revista Por esos mundos Uno de ellos se alejó murmurando: Lo dijo apareció noticia de este Ambrosio de la caraBlas, punto redondo y de ahí nació esa frabina, y en ella se dice que era un labriego de se. No sé yo. Lo de Blas más suena a pastor Sevilla que dejó los aperos para dedicarse a de villancico que a señor feudal, y no seré yo, salteador de caminos, armado de su carabique no me llamo Blas ni soy amigo de poner na. Pero como la candidez de Ambrosio era más puntos que los que pidan las íes, quien proverbial en los contornos, ningún asaltado dé el asunto por zanjado. Que lo zanje Blas caminante le hacía caso. El pobre Ambrosio Pinar, que es notario y da fe pública, o Mahubo de regresar al bancal y a la azada y le nuel Fraga, virtuoso del Y punto echaba a la carabina la culpa de su fracaso. Por eso, la carabina de Ambrosio es cosa inDe la famosa Catalina del arroz, sólo tengo servible e inútil, como la espada de Bernardo, la noticia que don Ventura Bagues, crítico que ni pincha ni corta. Don Pedro Mourlane taurino, asegura haber leído en la revista AlMichelena enriqueció graciosamente el dicho rededor del Mundo y que la facilitó a José con un perendengue, y decía de cualquier caMaría Iribarren. Cuenta Bagues que en tiemchivache desdeñable o de cualquier personapos de Juan II de Castilla vivía en Sahagún je mocho que era la carabina de Ambrosio, un judío converso casado con una tal Catalisólo que damasquinada. na, que sólo se alimentaba de arroz, alimento Don José Godoy Alcántara, que estudia los al que atribuía poderes curativos para toda apellidos castellanos, aventura que la Maricastaña de los tiempos remotos fue una tal clase de plepas y alifafes. Cayó enferma la tal María Castaño, la cual, con su marido y dos Catalina, y no quería probar bocado. Los facuñados, se puso al frente del partido popular miliares que la cuidaban le hacían continuade Lugo, todavía no para votar a Fraga, sino mente la famosa pregunta: ¿Que si quieres para resistirse a pagar los tributos al obispo. arroz, Catalina? pero ella no sacaba la voz del cuerpo y falleció sin responder. De ahí No digo que no. Al menos no se tienen noticias históricas de nincjuna otra Maricastaña, que se aplique la frase a los que no obtienen Mari- Castaña o Mana Castaño, al menos respuesta o la reciben ininteligible o evasiva. hasta llegar a la mujer de Cela, que no es Cualquier tío feo (excepto don Julio, que es María sino Marina y que, además, es de anFeo con mayúscula) es más feo que Picio, lo teayer mismo. También es posible que ese cual quiere decir que más feo que Picio no ha nombre sea tan genérico como el de Maritorhabido nadie, ni siquiera Juanito Sampelayo, nes, Marizápalos, Marisabidilla, Marimacho y que era tan feo de cara como hermoso de por supuesto como el de María Sarmiento, alma. Era tan feo que un periódico de la zona tan delgaducha y desmedrada que fue a roja lo sacó en retrato con este pie: Ejemplar mear y se la llevó el viento. de intelectual fascista Se dice que Picio fue Todo esto que se cuenta puede ser verdaun zapatero de Alhendín que vivía en Granadero, o verosímil, o al revés, inventado y más da hacia la primera mitad del siglo XIX. Fue falso que un duro sevillano. Puede ser que condenado a muerte y cuando se hallaba en muchos investigadores de la materia se capilla le llegó el indulto. La impresión le dejó vayan por los cerros de Úbeda, como el alcalsin pelo, sin cejas, sin pestañas y con de de un pueblo de aquella serranía que tenía una novia, manceba, gachí, arrimo o quela cara llena de mendrugones y nacencias. rindonga que vivía en el cerro de Úbeda, y al que un día en que divagaba o extravagaba en algún asunto que se trataba en concejo, le advirtió un edil de mala leche: No se vaya usía por los cerros de Úbeda Dices que el que va contra corriente y no da pie con bola es el que asó la manteca y por ese aro no paso. El que asó la manteca es el prototipo del necio. Ir contra corriente puede ser a veces de talentosos y de sabios, y no dar pie con bola, puede ser desacierto pasajero, como el de un buen futEDICIÓN INTERNACIONAL bolista en una mala tarde. Asar la manteca, Para hacer llegar sus mensajes en cambio, es tontuna mayúscula y el que asa la manteca es prototipo de necedad insucomerciales a todo el mundo. perable. Pero ésta de los tontos es otra larga historia. En cuanto quieras, le metemos mano a eso, y hasta con ejemplos. A Jaime CAMPMANY
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