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72 ABC L A FIESTA NACIONAL Octava corrida de la feria de Málaga LUNES 21- 8- 95 Javier Conde, en una noche mágica, rompió los cánones de la tauromaquia Toreó con indescriptible inspiración Apenas sí hemos tenido tiempo de tomar un tentempié con el profesor Sánchez Cuesta y el doctor César Martín, conocido como manos de seda hemos vuelto a la plaza de la Malagueta para presenciar la corrida de toros nocturna en la que intervenían El Cordobés chico y Javier Conde, el torero de la tierra. Serios problemas con el ganado y danza de toros en los corrales. La Malagueta registraba una excelente entrada. La brisa del mar se notaba a las once y diez de la noche cuando dicto esta crónica a mi compañero Ortega. En el ambiente había un no sé qué de festejo nocturno. Cuando El Cordobés Chico comenzó a hacer los primeros gestos, a todas luces exagerados, nos recordaba a las noches c a r a b a n c h e l e r a s de Blas Romero El Platanito El Cordobés Chico, impecablemente vestido de negro y oro, t é c n i c a m e n t e mejor profesional que lo que aparenta su estilo circense, caricatura de la Javier Conde caricatura que su presunto progenitor hacía del toreo, atraía la atención de un público festivo. Se echaba en falta a ese sol justiciero que hemos padecido durante toda esta calurosa feria. La corrida se había transformado en una serie de remiendos, gracias a los cuales se pudo salvar el festejo, porque hasta las ocho de la noche no habían llegado tres toros de Pereda para remendar la corrida. El primero de Arribas, la ganadería escurialense, salió con un trapío impresionante. Nada tenía que ver con los que se lidiaron por la tarde. Parecía el padre de los seis que habían toreado Joselito, Finito de Córdoba y Rivera Ordóñez. El Cordobés Chico se afanó en hacer con él todo lo que sabe. No se afligió por el tamaño del cornúpeta. Lo toreó vistoso, acelerado, poniendo cara de feroche cada vez que iba hacia su enemigo. Tuvo la desgracia que el espadazo produjera vómito, aunque estuviera arriba, por eso lo interpretó el público nocturno como que lo había degollado. Y pitaron a Manolito el Cordobés. Anduvo francamente bien con su segundo toro, que desarrolló buen estilo y clase. Uno de Jandilla, que respondió al buen cartel que disfruta esta ganadería entre la gente de coleta. El rubio torero se desentendió esta vez del toreo tremendista. La faena se caracterizó por el reposo. Es la primera vez que hemos visto a este hombre ejecutando las suertes con temple y rematando los pases con limpieza. La faena le salió justa y ajustada. Sufrió una voltereta por prolongar su labor, pero se levantó tranquilo y hasta compuesto. Mató de una estocada y, en nuestra opinión, muy merecidamente, cortó una oreja. Lástima que a la hora de dar la vuelta al ruedo adoptara actitudes bufas. Está convencido de que eso forma parte de su show, pero cuando se ha toreado con seriedad le sobraban esos ribetes circenses. Es la una menos veinte de la madrugada cuando dicto estos cuatro primeros toros. J a vier Conde se había manifestado terriblemente desconfiado con su primero. Lo trasteó por la cara, a la defensiva y cuando lo mató de un pinchazo y una estocada caída sonaron los pitos. Pero tuvo la suerte de coger un soberbio toro de Jandilla de nombre Hostigador marcado con el número 38 y 526 kilos de peso. Un toro que pasará a la historia de la plaza de la Malagueta como uno de los más nobles, de mayor fijeza en el engaño de cuantos se hayan lidiado en este coso. Javier Conde desde que se abrió de capa lo toreó con un estilo personalísimo. Tiene un concepto muy personal del toreo. No es fácil definirlo. Interpreta con una extraña inspiración aflamencada, que muchas veces se aparta de las normas clásicas de la tauromaquia. A Javier no le es ajeno el temple, que es el padre y la madre xjel arte de torear, pero lo que le llega mucho a la gente son las posturas, que a veces rozan el ballet. Conste que no lo digo peyorativamente sino para tratar de reflejar ese concepto que del toreo tiene el diestro del barrio de la Malagueta. Hubo naturales realmente hermosos. Algunos pases con la diestra de una compostura admirable. La colocación de las piernas no corresponde muchas veces a los cánones clásicos, pero sus improvisadas vueltas, la majes- Ficha de la corrida Plaza de toros de la Malagueta. O c tava corrida de la feria de Málaga. Festejo nocturno. Un toro de Arribas grande y noble. Tres de Pereda, segundo y quinto con dificultades. El sexto se dejó torear. Dos de Jandilla francamente buenos, el cuarto extraordinario. El Cordobés Chico, de negro y oro. En el primero pinchazo y media (pitos) En el tercero, estocada (ovación, oreja y vuelta al ruedo. En el quinto estocada (ovación) Javier Conde, de palo rosa y oro. En el segundo pinchazo y estocada caída (pitos) En el cuarto estoca desprendida (ovación, dos orejas y vuelta al ruedo) En el sexto estocada (dos orejas y salida a hombros) tuosa lentitud de los pases de pecho, de provocar los clamores del público con unos aspavientos sorpresivos, deslumhran al gentío. Málaga se le entregó con apasionado fervor. Los mismos que le habían pitado después de matar a su primer toro le aclamaban enardecidos, puestos en pie y solicitando las orejas antes de que entrara a matar. Faena apasionada y en muchos momentos apasionante. Deslumhraba en la bella noche malagueña como una brisa de aire puro, que rompía con la monotonía que estamos acostumbrados a presenciar tantas tardes. El toreo de C o n d e es discutible, terriblemente polémico, pero no así la realidad de haber resucitado en Málaga una afición que busca con ahínco tener una primerísima figura del toreo y por abrir las ventanas de la esperanza con esa faena que le valió las dos orejas, es más que suficiente para brindarle el merecido elogio. El Cordobés Chico en el quinto, un toro bronco y difícil de Pereda, buscó el triunfo, esa orejita que le hacía falta para redondear la noche y abrir la puerta grande. Pero no pudo ser. El toro se le rajó. Hizo todo lo posible por alargar las cortas embestidas de su antagonista. Lo mató de una estocada y escuchó una fuerte ovación. Con el sexto que era también de Pereda, J a vier Conde mejoró, en nuestra opinión su importante actuación en el toro anterior. La faena, bien construida, con el ánimo más reposado, muy centrado, resultó de una gran belleza, ganó en profundidad y perdió en amaneramiento. El torero dio rienda suelta a la inspiración, pero siempre sobre la base de un toreo macizo, hondo, pródigo en chispazos que alcanzaron momentos de indescriptible belleza. No sabemos las veces que será capaz de repetir esta obra de arte. Ni cuál será su futuro, tan difícil de predecir, mas lo innegable ha sido la noche mágica del torero malagueño cuyos lances despedían el maravilloso aroma a jazmines de las noches malagueñas. De verdad que hubo momentos en que la fragancia del toreo, profundamente creativo, de Javier llegaba al alma y producía el escalofrío de lo sublime. Lo de menos son las cuatro oerejas que cortó. Sinceramente creíamos que aquel novillerito que nos sorprendió en esta misma plaza hace unos años no iba a ser capaz de hacerle al toro las filigranas y los arabescos que hemos presenciado en esta inolvidable noche agosteña. Abrió la puerta grande y se lo llevaron por la calles de Málaga en loor de multitud. Vicente ZABALA El novillero Juan Diego paseó otra oreja en Las Ventas Madrid. Luis García Resultó entretenida la novillada nocturna, penúltima del ciclo veraniego que se viene celebrando desde primeros de julio en la Monumental de Las Ventas. La atención se centraba en el salmantino Juan Diego, quien en anteriores citas había conseguido acaparar la atención de los aficionados. No ha desfraudado el alumno de Juan José en esta nueva salida a Las Ventas, en la que además de conseguir una nueva oreja (van cuatro) ha vuelto a exhibir unas interesantes condiciones, que deben abrirle las puertas a una inmediata presentación con picadores a la luz del sol. Se jugaron seis erales de Nicolás Mateos, cómodos de cabeza pero con cuajo de utreros, y los problemas lógicos de los novillos encastados, salvo el tercero alegre y con mayor recorrido. Andrés Revuelta puso voluntad y mostró detalles en sus dos oponentes, siendo ovacionado en ambos; Juan Diego, ovacionado en el segundo, codicioso pero apagado al final, pudo lucirse con el noble y flojo quinto; y J o selete, puso entusiasmo en el tercero, al que arrancó un apéndice y anduvo aperreaadillo óon el genio del sexto. Palmas para los tres al abandonar la plaza.
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