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68 ABC NUNCA MAS LA GUERRA CIVIL Testimonios- JUEVES 18- 7- 96 El testamento de José Antonio f JALA fuera la mía la última I 1 sangre española que se ver tiera en discordias civiles. Ojalá encontrara ya en paz el pueblo español, tan rico en buenas calidades entrañables, la patria, el pan y la justicia. Creo que nada más me importa decir respecto a mi vida pública. En cuanto a mi próxima muerte la espero sin jactancia, porque nunca es alegre morir a mi edad, pero sin protesta José Antonio Primo de Rivera UIEN éstas líneas escribe recuerda con emoción que, siendo embajador en Chile cuando Alfonso XIII murió, al cumplimentar las órdenes del Gobierno de recibir pésames oficialmente, tuvo el honor de que pasaran por la sede de su Embajada todos los jefes de misión acreditados en aquella República. Cuando llegó el de Cuba, le expresé una gratitud doble: por su visita y porque acababa de enterarme de que el Gobierno cubano había sido el único del mundo que organizara funerales oficiales. -Pero ¿cómo no hacerlo así, embajador- me dijo- si Don Alfonso X m fue Rey de Cuba? ¿Se concibe una respuesta semejante si el muerto hubiera sido un presidente de la República española? Una de las últimas veces que vi al Rey- concretamente, la penúltima- fue en los primeros días de agosto de 1936, a las pocas semanas de comenzar la guerra civil. El general Mola me había enviado en una misión a varios países de Europa con cartas de su puño y letra a diversas personalidades españolas y extranjeras. En to das estas cartas pedía angustiosamente aviones de bombardeo y dé caza para contener en los frentes a los contrarios. -Si no tengo más aviación antes de ocho días, estamos perdidos- me dijo en Burgos al despedirme. Fui primero a París, donde entregué las car tas allí destinadas. Después, a Roma. Pedro Sáinz Rodríguez, que se encontraba en la capital de Italia, me puso en contacto con el conde Ciano, ministro de Relaciones Exteriores, a quien hice entrega de una carta de Mola, para Mussolini. Al día siguiente me dijo el ministro que Mussolini accedía a enviar los aviones que se le pedían y que, en el curso de la siguiente Q El papel de Alfonso XIII Alfonso XIII semana, saldrían los aparatos por barco, para dejarlos en un puerto nacional de España. Sáinz Rodríguez y yo casi nos echamos a llorar. -Para que los aviones lleguen a tiempo- le dije a Ciano- sería preciso que viajaran por el aire. -Pero yo no puedo discutir con Mussolini- me respondió- Sólo una persona podría pedirle con eficacia lo que ustedes desean. ¿Quién? -El Rey Alfonso Xm. Pero el Rey no estaba en Roma. Me enteré de que se hallaba pasando unos días en Checoslovaquia, en el castillo de Metternich. El Rey, con quien logré hablar por teléfono, nos esperó sin acostarse, a la mañana siguiente habló por teléfono con Mussolini y, pocas horas después, salieron volando hacia Burgos los aviones que Mola pedía. Juan Ignacio LUC A DE TENA Mis amigos muertos OLÍTICAMENTE, las tres fuerzas importantes que aspiraban al predominio y a la conquista del Poder eran la Falange Española de las JONS la Comunión Tradicionalista y Iosmonárquicos. Sin organización ni sistema quedaba, prácticamente, fuera del juego la masa católica, políticamente neutra, conservadora, y que aceptaba de buen grado la situación militar. Como residuo de Acción Popular había, según T íJ ya he dicho, i i i i i ¡i i unas milicias reducidas, bien jlf lililí instruidas y uniformadas, que jj llevaban el nom III bre de aquel partido, disuelto por el hecho mismo del Alzamiento. No solamente entre aquellas fuerzas u organizaciones, sino Ramón Serrano Súñer también en el seno de algunas de ellas, había luchas y confrontaciones violentas, incluso san- P La necesaria unidad de mando grientas. Esto ocurría en el seno de la Falange que a la vez que había experimentado una enorme expansión de base popular, sufría la gran desgracia de su acefalia, por el fusilamiento de José Antonio, su jefe, en la prisión de Alicante. Pensando Franco, ya antes de mi llegada a zona nacional, que la coincidencia de algunos puntos doctrinales de la Falange y el partido tradicionalista permitiría de alguna manera agruparlos en una disciplina común me encargó de estudiar y preparar rápidamente su unificación. De las tres fuerzas políticas a que me he referido eran los monárquicos de Renovación Española quienes tenían personalidades de más talla, pero su base numéricamente era menor que las de la Falange y el Tradicionalismo aunque habían dado en los primeros meses de la guerra hombres con una conducta heroica singular. El Tradicionalismo tenía una vitalidad extraordinaria, y los requetés de Pamplona fueron, con gran heroísmo y abnegación, factor decisivo en el Alzamiento del 18 de julio. La Falange incluía buena parte de la doctrina de éstos y tenía una significación popular y social más moderna, con la ambición, desde su postura revolucionaria, de absorber ideológicamente a la media España que teníamos enfrente. Yo entendía que, irremediablemente, el socialismo había planteado un problema real en nuestro tiempo que no se podía soslayar, y que era forzoso resolver. Mientras preparábamos el proyecto unificador, tuvo lugar el trágico encuentro entre dos sectores falangistas, luctuoso suceso del que a medianoche informó el capitán Cano, de la Guardia Civil, al Cuartel del Generalísimo, que precipitó el Decreto de Unificación publicado cuarenta y ocho horas después, por el que se integraban en una nueva entidad política la Falange y el Requeté con la denominación de Falange Española Tradicionalista y de las JONS in. cluyéndose también en la Unificación, por disposición especial, a los grupos de Acción Española y de Renovación Española pensando que podían constituir un buen fundente de las dos alas unificadas; muchos de sus miembros colaboraron en esta empresa desde puestos importantes y haciendo público su acuerdo favorable el día 16 de mayo Por su parte, Gil Robles envió su espontánea adhesión- la de la CEDA -por cartas dirigidas a Franco y a Luciano de la Calzada que era el jefe de la Jap Quedaba con ello creado el Partido único, erigido Franco en Jefe del mismo. Ramón SERRANO SÜÑÉR Memorias