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Alguien robó el retrato de la tumba de Donan Gray Un pueblo del Piamonte se ha llenado de sepulturas en memoria de los grandes personajes de ficción En las brumas de un bosque del Piamonte, el coronel Aureliano Buendía sigue recordando aquella primera vez que su padre 10 llevó a conocer el hielo. La tumba del héroe de Macondo, protegida por las ramas de una encina, despierta en los visitantes recuerdos vivos de la propia infancia como los qué pueda traer a la mente un pelotón de ejecución. Poco más allá descansa otro aventurero, el legendario Butch Cassidy. ROMA, Juan Vicente Boo, as lápidas de mármol, dispersas por un inmenso bosque de las cercanías de Pocapaglia, reflejan sutilmente el carácter y el destino del personaje. En la tumba de Dorian Gray, de estilo Victoriano, queda una marca vacía, la huella de un retrato robado. Osear Wilde se conmovería al verla, e incluso León Tolstoi derramaría una lágrima sobre la estela blanca de Anna Karenina, a quien su pluma arrojó despiadadamente bajo las ruedas de un tren. El bosque del recuerdo nació hace un par de años cuando Franco Ferrero, el primogénito del grupo de artistas Eredi Brancusi hincó entre los pinos dos estelas de mármol con los nombres de Nicola Pisano y su padre Giovanni, escultores del siglo XIII. Poco después llegó una lápida para el pintor renacentista Massacio, seguida de otra para un genio del siglo XX: Ettore Majorana, el físico nuclear siciliano colaborador de Enrico Fermi, que desapareció misteriosamente en 1938 cuando viajaba en barco de Palermo a Ñapóles. En este bosque de pinos, robles y castaños tendrá algún día su tumba Antoine de Saint- Exupery, desaparecido en pleno vuelo a los mandos de su avión. Cuando el escritor- piloto aterrice para siempre, lo hará muy cerca de la ingenua sepultura del Pequeño Príncipe. La mano desconocida que deposita flores todos los años sobre la tumba de Edgar Alian Poe en Filadelfia podrá rendir igual homenaje en el húmedo bosque del Piamonte a la misteriosa Berenice, protagonista de una de las Narraciones extraordinarias Josep Conrad yace en Canterbury, pero el malvado Kurtz de El corazón de las tinieblas tiene una lápida fría en las orillas brumosas del río Tánaro, cerca de otra de mármol negro que recuerda al personaje de Marión Brando en Apocalypse Now trasladado del Congo a Vietnam por Francis Ford Coppola. El bosque piamontés donde se intercambian las lindes de la realidad y la fantasía ha inspirado la exposición Desaparecidos en la galería de arte contemporánea Luigi Franco, de Turín, que experimenta BRANCUSI TUVO LA IDEA L corresponsal Anónimos homenajes llegan a diario a este cementerio donde reposan los seres más inmortales de nuestra memoria la idea del recuerdo en otros espacios creativos. La exposición incluye ejemplares únicos de libros en los que faltan el nombre y las palabras de los desaparecidos Así, en Cien años de soledad quedan en blanco todas las referencias y las frases de Aureliano Buendía. La misma inquietud produce ver el final de Bla- de Runner sin el muíante. Harrison Ford habla solo, como si delirase. Pocapaglia no está lejos de Alessandría, la ciudad natal de Umberto Eco y patria también de su Baudolino un fabulador llegado hace dos semanas a las librerías. Pero el cementerio de los héroes literarios es una herencia de Constantin Brancusi, el escultor cubista rumano fallecido en 1957. Un par de años antes, Brancusi confió una serie de proyectos artísticos al pintor Marcel Duchamp quien, a su vez, entregó el voluminoso paquete de documentos a Antonia Isnardi, amiga de ambos. En 1969, el día que cumplía dieciocho años, Franco Ferrero recibió el legado y se convirtió en el primer heredero de Brancusi. Le seguirían, a medida que llegaban a la mayoría de edad, Massimo Ruffinengo en 1980, Gianluca Cañé en 1987 y otros artistas que hoy son los seis miembros de Eredi Brancusi un colectivo centrado en una casa rural de Cherasco, cercana al bosque del recuerdo. A lo largo de dos años, el experimento artístico- que no busca atraer turistas, sino abrir campos expresivos- ha incorporado también leyendas trágicas de la canción popular y, naturalmente, del cine. Los personajes van desde Marión Crane, cuya tumba recuerda el grito de Janet Leigh en la ducha de Psicosis hasta una lápida de color metálico para Roy Batty el replicante que salva a Harrison Ford al final de Blade Runner y le confiesa haber visto cosas que vosotros, los humanos, no podéis imaginar Se equivocaba. Algunos humanos, como los Eredi Brancusi pueden imaginarlo todo.
 // Cambio Nodo4-Sevilla