Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
BREVERÍAS César Alierta El legado Villalonga César Alierta ha cambiado la costumbre impuesta por Villalonga en Telefónica. Muchas cosas de la anterior etapa han pasado a la historia, pero entre los cambios introducidos por el actual equipo gestor no figura el regreso al dividendo como sistema elemental y más seguro a la hora de garantizar la retribución del accionista. En este capítulo, tan preciado por los más tradicionales abonados a las viejas matüdes el presidente de Telefónica renovó ayer el legado de su antecesor. Todo un jarro de agua fría para los que se habían ilusionado con la vuelta al dividendo ahora que la creación de valor se ha convertido en una misión imposible dentro del mercado de las telecomunicaciones. Jesús Gil y Gil Diez años de pleitos El alcalde de Marbella cumple hoy diez años como regidor de esta localidad. Pese a lograr tres mayorías absolutas consecutivas en la localidad costasoleña, no ha sido su brillante gestión la que ha mantenido a Jesús Gil en el centro de todas las miradas. Sus airadas salidas de tono se han sumado a un rosario de pleitos y juicios que le han llevado a autocalificarse como el hombre más perseguido de España E l alcalde, que llegó a ingresar en la prisión malagueña de Alhaurían de la Torre en enero de 1999 por el llamado caso de las camisetas ha sido condenado a penas de inhabilitación y a arresto por prevaricación. Ayer celebró su aniversario volviendo a los tribunales por una querella por estafa. Y todavía tiene más pleitos pendientes. N conflicto continuado entre una empresa, Iberia, y su grupo más cualificado de trabajadores, los pilotos, exige un respeto reflexivo antes de condenar socialmente a los segundos. El abogado y colaborador de ABC Jorge Trias Sagnier se ha atrevido a enfrentarse a lo políticamente correcto y ha insinuado que quizá es la empresa, y no los pilotos, la culpable o responsable de incumplir lo pactado y prometido. No obstante, a los pilotos del Sepia no les conviene la impopularidad que pueden alcanzar adoptando medidas de presión en una época del año tan significativa como el verano y sus vacaciones. Decenas de miles de clientes de Iberia, que no tienen culpa de nada, se convertirán en víctimas de una actitud inoportuna. Los mismos derechos que reivindican los pilotos, seguramente con sobrados motivos, pueden ser demandados en octubre o en marzo, sin necesidad de herir de forma tan directa los sueños e intereses de los usuarios de la Compañía. Es fácil cargar las culpas contra los pilotos, y crear una situación de malestar insoportable en los viajeros. Se han dado ya casos de intentos de agresión. Se escribe, no sin demagogia, que los pilotos del Sepia son unos señoritos millonarios que abusan de su posición para obtener beneficios que no les corresponden. Una huelga de pilotos en una compañía aérea es, en efecto, mucho más grave que un plantón de los trabajadores del servicio de limpieza de los aviones. Pero el dedo acusador es injusto cuando toda la responsabilidad de un conflicto de intereses se resume en el principal sindicato de pilo- U ALFONSO USSÍA Pilotos Si de tan largo viene el conflicto, ¿por qué plantear ahora las reivindicaciones? tos, que tienen el mismo derecho a la sindicación que los trabajadores de una fábrica de automóviles o los camareros de un hotel. Habrá que analizar en qué condiciones trabajan los pilotos. Mucho me temo que encontraríamos evidencias de abusos y utilidades en beneficio de Iberia. Y habrá que analizar si los pilotos no cuentan con otra vía de reclamación que la huelga en unas fechas tan perversamente elegidas. La inflexibilidad de unos y otros en este contencioso no procura bien alguno. Ni a la vieja y prestigiosa compañía de bandera, hoy privatizada. Ni a sus directivos, que a partir de ahora habrán de dar cuentas de su gestión ante los accionistas. Ni a los pilotos de vuelo, cuyo prestigio como grupo puede sufrir un devastador ataque de demagogia por ser el más fácil y sencillo de señalar. Ni al resto de los trabajadores de Iberia, desde los auxiliares de cabina a todo el personal de tierra, y lo que es peor, ni a los usuarios, que son los cuentes que soportan las pérdidas y procuran los beneficios de la gran empresa. Si es necesaria la presión laboral de los pilotos para percibir el resultado de sus acuerdos con Iberia, que no se equivoquen. La razón no es una propiedad, y aun teniéndola, se puede perder por la inoportunidad de unas medidas que más parecen destinadas a perjudicar a los usuarios de Iberia que a la dirección de la compañía. Si de tan largo viene el conflicto, ¿por qué plantear ahora las reivindicaciones? Los pilotos son profesionales de altísimo nivel, y los de Iberia siempre han destacado por su excelencia. No son unos chulos arrogantes como quieren retratarlos algunos. Trabajan a destajo y a ellos encomendamos nuestra seguridad cada vez que embarcamos en un avión de Iberia. No hay derecho a que la Compañía, la suya, los señale como únicos responsables de un conflicto. Es más atractiva la noticia de que unos pilotos se niegan a volar que una empresa no cumpla sus acuerdos con unos trabajadores. Pero yo les aconsejaría el cumplimiento de la generosidad. Reuniones, negociaciones y palabras. Siempre hay caminos hacia el acuerdo. Y en el caso de que éste no se presente de inmediato, comprensión y cortesía con los clientes. Si la huelga es imprescindible, que perjudique a los menos. Resulta injusto y hasta inaceptable que, por llevar la razón hasta el límite de lo admisible, su bien ganado prestigio se desmorone por el dedo acusador y facilón de la demagogia. Que Iberia cumpla con sus promesas y que los pilotos demuestren su buena voluntad. Lo contrario no tendría otra interpretación que la del desastre.
 // Cambio Nodo4-Sevilla