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ABC DOMINGO 24 3 2002 5 imágenes PAISAJE DE VÍSPERAS IGANACIO CAMACHO U Díaz Japón Todo listo para la Semana Grande. Fue ayer un día de preparativos, de ultimar los detalles para que hoy, Domingo de Ramos, Sevilla explote de júbilo en sus calles al paso de las cofradías. En la imagen, un operario coloca las vallas de protección en la carrera oficial de la avenida de la Constitución. NA luz blanca se filtra por la linterna modernista que corona la cúpula blanca del templo cuando te acercas despacio al reclinatorio colocado delante del altar que tapa un enorme repostero morado. El niño se ha soltado de tu mano para quedarse mirando fijamente la figura que apenas a tres metros se yergue ante vosotros con una pierna adelantada bajo la túnica mientras tú ladeas la cabeza para encontrar una mirada que parece escaparse de la madera y escudriñar el fondo de tus ojos hasta provocarte un incómodo escalofrío en la médula. Una mujer está rezando el rosario ante un micrófono al lado del altar, y entonces retrocedes lentamente sin dejar de sentir clavados en tu nuca los ojos yertos de esa figura que espera con las manos bajas la cruz que dentro de unos días llevará a cuestas a través de una densa madrugada cargada con la electricidad de las emociones de tu pueblo. Te ha deslumbrado el sol de mediodía al salir a la plaza hormigueante de público, y has recorrido con tus hijos las calles perfumadas de incienso y azahar, buscando iglesias en cuya penumbra aguardan las imágenes ya subidas sobre los pasos que esperan el exorno de las flores mientras la gente enciende velas de promesa o curiosea los últimos detalles de las vísperas, y reconoces una vez más el minucioso engalanamiento de las fachadas y los escaparates, la luz templada que acaricia los perfiles de las azoteas, el rito preciso de la ciudad hermoseada para la gran cita cuyo pálpito aún no habías sido capaz de sentir hasta que te has lanzado a la búsqueda de los símbolos que te remiten al horizonte exacto de esos recuerdos anclados en lo más hondo de tu memoria. Y ahí están, en efecto, los detalles dispuestos para recomenzar la liturgia que conoces desde hace mucho tiempo, dibujada como la llevas en los pliegues de la conciencia. Has caminado por la carrera que pronto trazarán los pies de los nazarenos, contemplando las sillas apiladas, los resposteros colgados en los balcones, las vallas que delimitan el territorio ritual de la ceremonia urbana. Todo está en su sitio: los cirios amontonados en las iglesias esperando las manos que habrán de encenderlos, las dalmáticas preparadas para ser vestidas, las insignias y estandartes colocados junto a las puertas, las imágenes atornilladas sobre los pasos, los últimos capirotes recién recogidos de las tiendas con cuyos portadores te has cruzado con una cómplice sonrisa asomada a los labios. El niño se ha parado excitado ante un escaparate de nazarenos de caramelo reconociendo a gritos los colores de cada cofradía, y entonces te has dado cuenta de que querías llevarlo a un viaje de iniciación y ha sido él el que te ha transportado de golpe hasta el lejano, brumoso y confortable paisaje de tu paraíso perdido. SEMANA SANTA
 // Cambio Nodo4-Sevilla