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ABC VIERNES 2 5 2003 Sevilla 35 La canonización de Sor Ángela de la Cruz pone de relieve la altura espiritual de la Sevilla del siglo XIX. Contemporáneos y buenos amigos suyos fueron otras importantes figuras religiosas que están tambien camino de los altares. Es el caso de los ya beatos cardenal Spínola y obispo Manuel González, del venerable padre Tarín y de Madre Dolores Márquez Romero de Onoro Los santos de la Sevilla del XIX TEXTO: GLORIA GAMITO FOTOS: ARCHIVO En la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX Sevilla era una ciudad llena de problemas pero que a la vez contaba con una pléyade de santos y fundadores. Uno de ellos, Sor Ángela de la Cruz, será canonizada el domingo en Madrid. Contemporáneos suyos fueron el cardenal Spínola, el padre Tarín, Madre Dolores Márquez Romero de Onoro, fundadora de las Filipenses Hijas de María Dolorosa, y don Manuel González, el obispo de Palencia, junto a otros entre los que podemos citar al padre Francisco García Tejero y Madre Mercedes Trullás y Soler, fundadores de la Doctrina Cristiana. El padre Torres Padilla, cofundador con Sor Ángela de las Hermanas de la Cruz, era conocido por su fama de santidad y la altura moral de sus dirigidas como el santero de Sevilla Fue consultor del Concilio Vaticano I y canónigo. Entre sus dirigidas se encontraban dos monjas de clausura, famosas por su santidad y muy apreciadas por los sevillanos. Una era Sor Bárbara de Santo Domingo, hija del campanero de la Giralda, cuyo proceso de beatificación ya se ha abierto. Esta monja dominica del convento de Madre de Dios, era famosa por sus penitencias y sus vivencias místicas. Otra famosa dirigida del padre Torres era Sor María Florencia Trinidad, monja mercedaria del convento de San José, que, llevaba grabados los estigmas del Señor y tuvo visiones de la Pasión. Arriba, de izquierda a derecha, Sor Ángela de la Cruz, el padre José Torres Padilla y el cardenal Marcelo Spínola. Abajo, de izquierda a derecha, el padre Tarín, Madre Dolores Márquez y Manuel González, obispo de Palencia. ba y los prodigios que llevaba a cabo. Conocía muy bien la labor de las Hermanas de la Cruz y en varias ocasiones les solicitó fundaciones por Andalucía. Por petición suya la Compañía fundó en Sanlúcar de Barrameda. Otra figura religiosa muy importante del siglo XIX fue el padre García Tejero, fundador con Madre Dolores Márquez Romero de Onoro de las Filipenses Hijas de María Dolorosa, y con Madre Mercedes Trullás y Soler de las Hermanas de la Doctrina Cristiana. Francisco García Tejero, filipense na- ARCHIVO Don Marcelo de Sevilla Protector y amigo de Sor Ángela hasta su muerte fue el cardenal Spínola. Marcelo Spínola y Maestre era el párroco de San Lorenzo cuando las Hermanas de la Cruz a los dos mses de su fundación se trasladan a la casa de la calle Hombres de Piedra. Don Marcelo que fue obipo de Coria- Cáceres, y de Málaga y fundó con Celia Méndez, marquesa de la Puebla de Obando, las Esclavas del Divino Redentor, fue beatificado por el Papa Juan Pablo II. El cardenal Spínola, que recibió el capelo en el cielo, se lanzó a las calles a pedir limosna por una terrible sequía que asoló el campo andaluz, y era un experto en mortificaciones, ejemplo de sacerdote y de obispo. Él valoró mucho al padre Tarín, S. J. y dijo de él que no lo canonizaría la Compañía sino los pueblos. Francisco de Paula Tarín, declarado ya Venerable por la Iglesia por practicar todas las virtudes en grado heroico, era un sacerdote ejemplar que dedicó su vida a su ministerio. En el barrio de San Roque lo quisieron nombrar concejal. Su fama de santidad era muy grande por las penitencias que realiza- La firme amistad de una zapatera metida a monja y una Infanta Fue el tercer director de la Compañía, el padre José Rodríguez Soto, capellán del Palacio de San Telmo, quien puso en contacto a la Infanta María Luisa Fernanda, duquesa de Montpensier con Sor Ángela y las Hermanas de la Cruz. Llegaron a ser muy amigas la zapatera que construyó un Calvario para estar más cerca de Cristo y de los pobres y la Infanta de España, que tuvo su corte en Sevilla. En numerosas ocasiones acude Madre Angelita al Palacio de San Telmo para escuchar las confidencias de Doña María Luisa Fernanda, muy desdichada por la muerte prematura de algunos de sus hijos. La más sonada fue la de María de las Mercedes, ocurrida cuando tenía 18 años y sólo después de que fuera Reina de España tras su casamiento con el Rey Alfonso XII. Otras veces acude la Infanta a la Casa Madre, que visita con frecuencia, Conoce a todas las monjas y les hace numerosos regalos. Los últimos años de su vida los pasó la Infanta dedicada a la religión y las obras de caridad, y legó el Palacio de San Telmo como seminario. Fue amortajada con el hábito de estameña parda de las Hermanas de la Cruz. Con su testamento ocurrió una cosa curiosa. Dejó un legado para las Hermanas de la Cruz pero los copistas del notario equivocaron el nombre y pusieron el de otras monjas. Sor Ángela no pleiteó por la amistad que tenían. cido en Garray, Soria, era llamado el cura de los corrales por la gran labor que desarrolló en el barrio de San Roque, especialmente en la calle Conde Negro, años antes que el padre Tarín. Madre Dolores Márquez dedicó su vida a apartar del fango y la postitución a muchas muchachas y devolverlas a la sociedad. Conoció a Sor Ángela de la Cruz cuando ésta, aún oficiala del taller de zapatería Maldonado fue a enseñarles el oficio a las arrepentidas Mendiga en la corte de Madrid para sus acogidas, logró de la Revolución del 68 la concesión del convento de Santa Isabel. Los últimos años de su vida los pasó apartada de la la casa de Sevilla y en el más cruel de los olvidos que soportó sin una queja, Murió en Santa Isabel porque el cardenal Spínola, con quien coincidió en Málaga, influyó en su traslado, advirtiendo a la comunidad que sería un desdoro para la Congregación que la fundadora muriese lejos de Sevilla. Aunque posterior, también conoció a los anteriores el sevillano Manuel González, obipo de Málaga y Palencia, que fue beatificado en 2000 por el Papa Juan Pablo II. Llamado el obispo del Sagrario Abandonado, fundó las Misioneras Eucarísticas de Nazaret y las Marías y Juanes de los Sagrarios- Calvarios, hoy agrupados con el título de Unión Eucarística Reparadora.
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