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12 MIÉRCOLES 4 6 2003 ABC Nacional Una quincena de atrapados entre los restos de un Talgo que chocó con un mercancías Cuatro de los vagones quedaron en llamas; de madrugada, no se había entrado en dos de ellos b La amenaza de una nube tóxica encerró en sus casas a los tres mil habitantes de la localidad albaceteña de Chinchilla; luego se supo que la carga no era peligrosa CRUZ MORCILLO, PABLO MUÑOZ MADRID CHINCHILLA. Horror, llamas, gritos, desconcierto, angustia, bocas entrecerradas a medio camino entre el pánico a la muerte o a la inminencia de una nube tóxica. Eso y mucho más era anoche la localidad albaceteña de Chinchilla, que vivió horas de angustia después de que a las diez menos veinte dos trenes, un Talgo y un mercancías, chocaran frontalmente cerca de la estación. En el tren de alta velocidad viajaban 86 pasajeros y cuatro tripulantes y cubría la ruta Madrid- Cartagena, mientras que el convoy de transporte, con dos maquinistas, hacía la ruta inversa. Las cifras de víctimas al cierre de esta edición eran aún muy confusas, aunque Renfe confirmó la muerte de sólo dos personas y la Subdelegación del Gobierno se refería a entre diez y quince más, atrapadas en el primer vagón. Hubo, además, 34 heridos (38 según otras fuentes) que fueron trasladados al Hospital General de Albacete. Tres se encontraban en estado crítico al cierre de esta edición y cuatro graves. Las personas que resultaron ilesas o con contusiones (una cuarentena) fueron trasladadas desde Chinchilla a Murcia en autobús o acudieron a recogerlos sus familiares. Fue un accidente dramático, angustioso en el que las horas sucesivas se convirtieron en un calvario para los allegados de los pasajeros, ignorantes de lo que ocurría. Y todas las informaciones auguraban lo peor, matizado por momentos y con tintes dramáticos en los minutos siguientes. Los primeros instantes fueron terribles- escenario dantesco era el calificativo recurrente- ya que parte de los convoyes quedaron envueltos en llamas, en concreto los cuatro vagones de cabecera del Talgo, así como las dos locomotoras. Además, la posibilidad de que el mercancías transportara sustancias peligrosas hizo temer que se produjera una nube tóxica. De hecho, la población de Chinchilla fue obligada a permanecer en sus casas, con las ventanas cerradas. La inquietud en esos momentos era enorme, ya que desde coches de Policía, a través de megafonía, se alertaba a los vecinos de lo que estaba sucediendo. Paralelamente, en el lugar de los hechos se vivían escenas sobrecogedoras, con buena parte de los 90 ocupantes del Talgo saliendo a duras penas Un bombero intenta apagar las llamas que envolvían a los restos de los dos trenes siniestrados del amasijo de hierros, muchos de ellos heridos y huyendo del horror como fantasmas. Cuando me acercaba hasta allí- -relataba una de las primeras personas que llegó a la zona- -fui encontrando a gente que salía corriendo como podía. Uno de ellos me contó que dentro de los vagones habían quedado muertos, pero no lo puedo confirmar porque las llamas me impedían acercarme. Lo único que podía hacer en esos momentos era socorrer a los heridos... Ha sido angustioso La gravedad del suceso hizo que de inmediato se desplegara un amplio dispositivo de salvamento, en el que participó la Policía Nacional y local, Guardia Civil, funcionarios del Cuerpo de Bomberos y efectivos sanitarios así como personal de Protección Civil. El Servicio de Salud de Castilla- La Mancha (Sescam) montó un hospital de campaña y a la zona se desplazaron una treintena de ambulancias. La autovía de Valencia fue cortada durante algún tiempo para facilitar el traslado MANUEL PODIO Había tal confusión que no sabíamos si llevar a los heridos a nuestras casas El pueblo de Chinchilla, de unos 3.000 habitantes, se volcó anoche en las labores de rescate y atención a los pasajeros del Talgo. A pesar de la alarma por un posible escape de gas, muchos vecinos acudieron a ayudar en cuanto se enteraron del choque. El alcalde de Chinchilla, Vicente Martínez, fue uno de los primeros en llegar. Se encontró con el Talgo empotrado bajo el mercancías. Se divisaban varios vagones ardiendo. No sabíamos nada, y era dramático no poder acercarnos por el fuego Un vecino de Chinchilla, Javier Sánchez, relató que, tras escuchar un fuerte estruendo, acudió al lugar del accidente, donde comenzó a auxiliar a los heridos hasta la llegada de las unidades de socorro. Había tanta confusión que no sabíamos si llevarlos a nuestras casas por la presencia de un posible gas, o si esperar allí El segundo teniente de alcalde de Albacete, Juan José Navalón, explicó que el lugar del siniestro es justo una subestación de Renfe completamente nueva y preparada para trenes de alta velocidad, como el Alaris o el Talgo de los heridos al hospital de Albacete lo que originó importantes problemas de tráfico. Uno de los datos en los que coincidieron varios de los testigos fue la buena coordinación de los distintos equipos de socorro, lo que permitió que antes de la medianoche estuvieran extinguidas las llamas de las dos locomotoras y los vagones. Eran las doce de la noche y algunos empezaron a respirar, dado que apagar el fuego era primordial para evitar muertes y mitigar el tremendo drama que avecinaba este choque. Mucho antes, sobre las once, las autoridades confirmaban que la temida nube tóxica no era tal- -se había barajado la posibilidad de que el mercancías transportara ácido sulfúrico e hidróxido sódico como había almacenado en sus vagones en un viaje anterior- -y que se había tratado de una falsa alarma, dado que el mercancías circulaba vacío. Noticias inquietantes Sin embargo, a medida que pasaba la noche las noticias eran muy inquietantes, tanto como hacía tiempo que no se recordaba. Ni siquiera las máximas autoridades de la región contaban con información precisa. El vicepresidente de Castilla- La Mancha, José María Barreda, temía por la suerte de decenas de personas que podrían haber quedado atrapadas entre los vagones en llamas, y en su voz se traslucía esa pre-
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