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32 Sevilla DOMINGO 22 8 2004 ABC Este cruel método de ejecución fue empleado por última vez en España en 1974 para aplicar la pena de muerte al sindicalista catalán Antich y a un ciudadano alemán. El garrote vil empleado por un verdugo sevillano con éste último se guarda en la Audiencia de Sevilla desde hace 30 años El último garrote vil TEXTOS: JAVIER RONDA FOTOS: ABC Dos torniquetes justicieros descansan viendo el paso del tiempo en los sótanos donde se encuentran los archivos del edificio de la Audiencia Provincial. Nadie se acuerda de ellos o se quieren olvidar, pero aún no se sabe si se puede dar algún destino a estos dos artilugios del horror. Un pequeño artefacto de hierro de tristes recuerdos, que era capaz de matar apretando lentamente y estrangulando el cuello del condenado de forma agonizante y con sufrimiento. El cuello iba reduciendo su tamaño de forma considerable tras el estrangulamiento. Esta forma de ahorcar era un método clásico español del que existen numerosas referencias históricas. Un par de garrotes descansan en la Audiencia Provincial de Sevilla y uno de ellos fue empleado por un verdugo que vivía en el barrio de Las Candelarias para ejecutar a un reo en la cárcel de Tarragona el día 2 de marzo de 1974. Era la última vez que se daba garrote a un reo en España y quedó para la historia la actuación del verdugo sevillano, conocido como Pepe. Ese mismo día también se ejecutaba a otra persona muy cerca casi a la misma hora. En la cárcel Modelo de Barcelona se dio garrote al sindicalista Puig Antich. Así lo acordó un Consejo de Guerra. Óleo de Ramón Casas, fechado en 1894, que retrata la expectación ante el ajusticiamiento de un joven en Barcelona, condenado por intentar robar un reloj cía físicamente y habló con él alguna vez. A la vuelta de Barcelona tras dar garrote el verdugo por orden del presidente de la Audiencia Territorial, se encargó José Morillo de guardar los dos artilugios de hierro, el que se usó, que aún venía ensangrentado y con cuerdas y saco empleados para ajustar el anillo al delgado cuello del condenado, y el segundo que se llevaba como reserva. El conserje recibió hace ahora 30 años los dos garrotes que se guardan desde entonces en los archivos judiciales y jamás han vuelto a salir de las instalaciones de justicia ni por supuesto a emplearse. A partir de 1975, con al democracia derogó la pena de muerte y el garrote cinco siglos de utilización quedó casi como objeto de museo. Cuando murió Franco en un Código Penal de la época se podía leer: Los siguientes artículos del Código Penal quedan suprimidos o modificados en estos términos: Se suprime la palabra muerte y las expresiones presidio mayor, presidio menor e interdicción civil Pero el garrote como formar de ajusticiar se introdujo a comienzos del siglo XIX en el Código Penal de España en el año 1822- -en Granada en 1831 es asesinada a garrote vil Mariana Pineda (liberal progresista- y durante una década convivió con la tra- Ni siquiera los familiares y los conocidos del verdugo sevillano conocían su profesión, creían que era representante de libros y el día de la ejecución dijo que tenía un viaje de negocios dicional horca Fue en 1932 cuando en la legislación de aquella época se suprimió la soga al cuello como forma de ejecutar al reo y se suprime la horca quedando el garrote como el artilugio de la justicia para dar muerte al condenado. Esta pena capital fue abolida Pepe, el verdugo Era la dictadura franquista y ese día actuó Pepe, el verdugo sevillano, en la prisión tarraconense con uno de los dos garrotes que están en la Audiencia. Ejecutó al ciudadano polaco Heinz Ches condenado por la muerte de un guardia civil tras un enfrentamiento con los agentes cuando intentaba robar en un camping en esta provincia catalana. La ejecución fue a primera hora en la cárcel de Tarragona. Hace poco se descubriría que Ches, que oficialmente era polaco y huérfano, no era ni lo uno ni lo otro. Se trataba de un ciudadano alemán, Georg Michael Welzel, que tenía madre, hermanos e incluso mujer y tres hijos. El caso dio lugar a una película documental, La muerte de nadie dirigida por Joan Dolc, que intentaba revelar el enigma de uno de los grandes misterios de la historia judicial y política de nuestro país. El día 1 de febrero de 1974, una conducción con varios agentes trasladaron en un coche policial al verdugo desde Sevilla hasta Barcelona para ejecutar su trabajo. En la actualidad aún lo recuerda con estupor José Morillo, el conserje retirado de la Audiencia Provincial que le acompañó hasta la Comisaría de Sevilla antes del viaje. Fue una de las pocas personas que lo cono- Ejecuciones por garrote en la plaza de San Francisco Según cuenta el historiador José María de Mena en la obra Tradiciones y leyendas sevillanas en la época de Luis Daoiz y las revueltas contra los franceses, a dos sevillanos se les dio garrote vil el 9 de enero de 1811 en la plaza de San Francisco por conspirar contra el régimen de Napoleón. Bernardo Palacios Ballester y José Martín Justo González Cuadrado, que vivía en la calle Águilas número 18, se reunían en esta casa que se erigió como un lugar de reuniones de los patriotas. González Cuadrado encabezada la Junta de guerrillas alzada en diversos puntos de Andalucía. En la Navidad de 1810 un delincuente habitual sevillano apodado Pantalones se enteró de los movimientos y reuniones de González Cuadrado y lo delató. Días después fueron detenidos en Castilleja de la Cuesta. El Capitán general francés, el Duque de Dalmacia. quería los nombres de los conspiradores pero los dos detenidos guardaron secreto y prefirieron morir antes que hablar. la plaza de san Francisco donde se iba a ejecutar la sentencia de muerte contra ellos. Se les trató como a malhechores y se les dio garrote vil a los dos. Sus cuerpos fueron arrojados a la fosa común de los ajusticiados que se encontraba entonces en el Patio de los Naranjos de la Catedral. En la partida de defunción de uno de los ejecutados se puede leer: Falleció en esta Ciudad con Muerte de garrote, Don Joseph María González y Cuadrado, la que prefirió por heroísmo a la condición que le exigían los enemigos para liberarse de ella si declaraba a los sujetos que había en esta Ciudad, cómplices con él, en la comisión de observar sus operaciones y dar parte al legítimo Gobierno español Intento de indulto El letrado Pablo Pérez Seoane los visitó en la cárcel e intentó un indulto para ellos. Si declararan los perdonarían, pero se resistieron a delatar a sus compañeros. El indulto que llevaba el letrado en las manos a la celda firmado por el capitán general donde se le salvaría sus vidas si cantaban se lo llevó de vuelta. El 9 de enero de 1811 al filo de las dos de la tarde fueron conducidos desde la cárcel hasta
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