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76 Tribuna SÁBADO 16 4 2005 ABC EDUARDO LUCA DE TENA; SEMBLANZA DE UN ALCALDE HISPALENSE MANUEL MARÍN CAMPOS De la Real Academia de Córdoba Eduardo Luca de Tena condensó, en su figura, la constitución de un representante de una Sevilla histórica y la arboladura de una época tan interesante para la historia de España como para la de Europa. Fue una época donde se trazaron los cimientos de unos tiempos, decisivos, del siglos XX en Europa VOCAR la figura de un alcalde constituye contemplar la página de la historia de un pueblo. Existe un íntimo paralelismo entre la actividad del alcalde y el desarrollo de la ciudad o población que administró. De esta forma, siempre, resulta sugestiva la evocación de un alcalde que ha merecido, por sus desvelos, ocupar una hornacina en el retablo de la historia. Desde el legendario Pedro Crespo, alcalde de Zalamea, por el ingenio de la pluma de Pedro Calderón de la Barca, y el novelesco Carbonero- alcalde de Pedro Antonio de Alarcón, hasta el realista Andrés Torrejón, alcalde de Móstoles, que anunció a España la necesidad de acudir a Madrid para defender la patria frente a la invasión perpetrada por el general Joaquín Murat, en nombre de Napoleón I El Grande cada una de estas autoridades brinda, a través de la historia, el conocimiento de una época. Eduardo Luca de Tena condensó, en su figura, la constitución de un representante de una Sevilla histórica y la arboladura de una época tan interesante para la historia de España como para la de Europa. Fue una época donde se trazaron los cimientos de unos tiempos, decisivos, del siglos XX en Europa. Este hombre excepcional nació en Sevilla, en 1892, en la Regencia de María Cristina de Habsburgo y Lorena, cuando Ricardo Palma, de Perú, Enrique Larreta, de Argentina, y Rubén Darío, de Nicaragua, pasaron por Sevilla, en dirección a Madrid, para asistir a los actos conmemorativos del IV Centenario del Descubrimiento de América, y falleció, en esta misma ciudad, en 1973, en la larga gobernación del general Franco, cuando se perpetró el magnicidio del almirante Luis Carrero Blanco. Muy joven asumió la dirección de los negocios de carácter familiar. Sentía la industria y el comercio. Le seducía la poesía de crear negocios nuevos que le permitieran escuchar sus latidos desde el primer día de su actividad. Fiel a este sentimiento creó los estudios cinematográficos Sevilla Films y Construcciones Agrícolas, S. A. ejerciendo en ambas instituciones la presidencia del Consejo de Administración. Fue consejero de Hilaturas y Tejidos Andaluces, S. A. Se trataba de una empresa mercantil consagrada al aprovechamiento y transformación de los algodones del Sur de España. En aquella fecha existía una corriente encaminada hacia el principio de considerar que Andalucía sólo conseguiría su desarrollo industrial cuando contara con una industria complementaria para la producción agrícola. Desde el siglo XVIII, Andalucía venía experimentando el impulso de la política borbónica. Desde el reinado de Carlos III se venía considerando la agricultura como la columna vertebral de la riqueza del Sur de España. E Heleno Saña, uno de los brillantes historiadores de la España contemporánea, escribió a este respecto: La agricultura experimenta una gran mejora, tanto cualitativamente como cuantitativamente. En el plano cuantitativo porque son incorporadas al cultivo tierras y zonas hasta entonces descuidadas; en el plano cualitativo, porque se inicia la producción de nuevos productos agrícolas, lo que conduce a una diversificación de nuestra riqueza agraria y una evolución de nuestro régimen alimenticio. Junto al cultivo tradicional de productos como el trigo, el centeno, la cebada, el olivo y el vino, se intensifica el cultivo del arroz, el maíz y las legumbres. En 1768 se introduce el cultivo de la patata, que va a tener repercusiones decisivas en la praxis nutritiva española. Fue Carlos III quien acabó con las prerrogativas feudales de la Mesta, al decretar que todo los municipios tenían derecho a cercar y cultivar los bienes comunales que consideraran necesarios Así, en el siglo XX, en los días de Eduardo Luca de tena, en la agricultura andaluza desarrollada a través del progreso que había experimentado con la incorporación de la máquina, se hacía necesaria la implantación de las plantas industriales, que transformaran esta producción agraria. A impulsos de esta idea nació la fundación de Construcciones Agrícolas, S. A. y sus actividades en el consejo de administración de Hilaturas y Tejidos Andaluces, S. A. Esta participación en el desarrollo industrial de Andalucía, una idea que hoy, en los albores del siglo XXI, todavía tiene vigencia, fue la palanca que lo llevó hasta la Alcaldía de Sevilla, cuando era un hombre joven, que tenía el convencimiento de que la epopeya de la industrialización era el impulso que hacía los pueblos ricos y poderosos. El futuro de Andalucía estaba en la industrialización. Su Alcaldía sólo duró dos años. En 1939 tomó el Ayuntamiento de Sevilla de las manos de Joaquín Benjumea Burín, hermano del conde de Guadalhorce, el inspirador de la política hidráulica del Directorio de Miguel Primo de Rivera, II marqués de Estella, y en 1940 lo confió a los cuidados y dirección de Miguel Ibarra y Lasso de la Vega. Desarrolló una Alcaldía provechosa para Sevilla, en una época decisiva de la historia de España. En aquellos momentos regía España un gobierno que estaba constituido por Francisco Franco Bahamonde, como presidente; Francisco Gómez Jordana, como vicepresidente; Tomás Domínguez Arévalo, conde de Rodezno, en el Ministerio de Justicia; Fidel Dávila Arrondo, en el de Defensa Nacional; Severiano Martínez Anido, en Gobernación; Ramón Serrano Súñer, en Interior; Andrés Amado, en Hacienda; Juan Antonio Suance, en Industria y Comercio; Raimundo Fernández Cuesta, en Agricultura; Pedro Sainz Rodríguez, en Educación Nacional; Adolfo Peña Bocuf, en Obras Públicas, y Pedro González Bueno, en Organización y Acción Sindical. La situación de España cuando tomó Eduardo Luca de Tena, Sevilla entre sus manos la describió Ricardo de la Cierva, con estas palabras: La Guerra de España agonizaba. Las divisiones de Franco cruzan sus ejes de marcha sobre la antigua zona republicana. Desde la madrugada del 1 de abril sólo queda un foco de guerra en toda España: los muelles de Alicante En España explosionó un grito de alegría libado del contenido del último parte: La guerra ha terminado El Pontífice Pío XII, cardenal Eugenio Pacelli, efectuó una comunicación al Gobierno de Burgos, que presidía el general Franco, donde exponía: Hacemos votos para que este queridísimo país alcance la paz, emprenda con nuevo vigor sus antiguas y cristiana tradiciones, que tan grande lo hicieron. A todo el pueblo español nuestra apostólica bendición Se había decidido el 19 de mayo de 1939 para celebrar el desfile de la Victoria en Madrid, donde estarían presentes la División de Levante, al mando de Luis Orgaz, la del Centro, bajo la dirección de Andrés Saliquet y la del Sur, bajo la autoridad de Gonzalo Queipo de Llano y Sierra. La inspiración de Manuel Machado exaltó la figura del general Franco a través de estos versos: ¡Bien venido, capitán! ¡Bien venido a tu Madrid, con la palma de la lid y con la espiga del pan! Pero, en aquellos momentos en que España, aspirante a vivir en paz, cansada de haber soportado tres años de cruenta Guerra Civil, nuevas complicaciones, procedentes de Europa, hacían presagiar la eclosión de la II Guerra Mundial. En 21 de marzo de 1939, el III Reich, presidido por Adolfo Hitler, exigía a Polonia el pasillo de Dantzing. El periodista Francisco Luciente anunció, desde las páginas de Ya Dantzing es la mecha encendida en Europa Adolfo Hitler había diseñado la Operación León Marino, encaminada a invadir Inglaterra; la Operación Félix, para la ocupación de Gibraltar y la Operación Barbarroja, para caer sobre la U. R. S. S. de Stalin. La II Guerra Mundial estaba en marcha. Tanto Benito Mussoloni, de Italia, como Adolfo Hitler, de Alemania, soñaban con involucrar España en aquella conflagración que se extendió desde 1939 a 1945 que el bombardeo nuclear de Hiroshima y Nagassaki puso fin al desarrollo del conflicto. Era la Sevilla del cardenal Pedro Segura y Sáenz y del capitán general Gonzalo Queipo de Llano. En ella destacó Eduardo Luca de Tena por su entusiasmo por el desarrollo de la capital. Como hechos más destacados de su actividad como alcalde pueden ser: la urbanización del Prado de San Sebastián; las negociaciones para la adquisición, por el Ayuntamiento de Sevilla, de 600.000 metros cuadrados de terrenos en Los Remedios para trasladar la Feria de Abril; la realización de estudios para trasladar el Consistorio a la plaza proyectada por el arquitecto Juan de Talavera; el retorno al Hospital de la Santa Caridad, de Sevilla, del lienzo Santa Isabel de Hungría curando a los leprosos que fue pintado por Bartolomé Esteban Murillo a instancias de Miguel de Mañara; la creación de una reforma urbana para la calle San Fernando y el encargo al pintor Alfonso Grosso de un cuadro alegórico de la participación de Sevilla en la definición del dogma de la Purísima Concepción, que reside hoy en la Catedral hispalense. Así, este jirón de la historia de Sevilla puede servir para evocar la figura de Eduardo Luca y Tena como uno de los destacados alcaldes del siglo XX hispalense.
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