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16 4 06 CLAVES DE ACTUALIDAD Tres muertes anunciadas hace 50 años Se cumplen 50 años de las más recordadas ejecuciones registradas en Sevilla. El 4 de abril de 1956, a las siete y media de la mañana, recibían garrote vil tres hombres habituales de los bajos fondos que habían sido condenados en firme a la pena capital por el conocido como crimen de las estanqueras Esta es la crónica negra de los hechos que hicieron tristemente célebre al Tarta TEXTO: ÁNGEL PÉREZ GUERRA FOTOS: ÁNGEL GELÁN ARCHIVO DÍAZ JAPÓN Lorenzo Castro Bueno (a) El Tarta Juan Vázquez Pérez Antonio Pérez Gómez A sentencia de muerte había sido dictada por la Audiencia de Sevilla y confirmada por el Tribunal Supremo. Los tres reos se llamaban Juan Vázquez Pérez, Antonio Pérez Gómez y Lorenzo Castro Bueno. Éste último se haría famoso por su alias, El Tarta derivado de su condición de tartajoso. Según la nota de la Audiencia Territorial, publicada al día siguiente en este ABC, los tres ajusticiados dieron muerte y robaron a las vecinas de esta capital doña Matilde y doña Encarnación Silva Montero, en su domicilio, sito en la calle Menéndez Pelayo, donde poseían un estanco El laconismo del tétrico comunicado continúa informando de que constituido en la Prisión Provincial el Tribunal encargado del cumplimiento de la sentencia y notificados los reos, fueron asistidos espiritualmente por dos sacerdotes, dos padres capuchinos y Hermanos de la Santa Caridad, auxilios espirituales que recibieron con todo recogimiento Sin embargo, los rumores en torno a este caso, que dio la vuelta a España y que ha motivado desde un episodio de la serie televisiva La huella del crimen hasta algún serial periodístico, siempre pusieron el acento en los cabos sueltos y la escasa solidez de las pruebas de cargo. El cronista anónimo que da cuenta de la tragedia el domingo 13 de julio de 1952 (las muertes se habían producido el viernes) en este periódico hace un relato exhaustivo y palpitante. La calma chicha de aquellos días caniculares en una Sevilla a caballo entre la postguerra y el desarrollo, con muy pocos vehículos aunque no tanta tranquilidad como se dice, quedó sajada, como los cuerpos de aquellas hermanas de las que sólo una era estanquera, ya que la otra trabajaba como cajera en los almacenes El Águila de las Cuatro Esquinas de San José, corazón de la calle Sierpes. Eran dos hermanas solteronas. Los sevillanos las conocían mucho comenzaba aquella página, ilustrada con una foto de ambas vestidas de mantilla negra y titulada Asesinato de dos señoras en un estanco de la avenida de Menéndez Pelayo Naturales de Estepa, las dos sobrepasaban el me- L dio siglo de existencia. La estanquera llevaba más de veinticinco años regentando el negocio. Mujer afable, educada y correcta, no sólo era apreciada por sus clientes, sino que todos la estimaban y respetaban, por lo que el estanco contaba con amplia y numerosa clientela, haciendo un promedio de ventas diarias que se acercaba a las cinco mil pesetas El carácter un tanto desconfiado de las hermanas dio pábulo a todo tipo de habladurías acerca de la autoría de las muertes. Lo cierto es que dos sobrinos suyos (uno de ellos policía armada) alarmados ante las puertas cerradas del estanco, el silencio que se observaba en la casa y la inasistencia a las exequias por un hermano, decidieron violentar la puerta del zaguán. Con dramática sorpresa se encontraron con ambas mujeres muertas en el local de la expendeduría. Mientras el policía armada se quedó en el lugar del suceso, su acompañante partió en demanda de auxilio. ABC entraba entonces en una pormenorizada explicación acerca del escenario del drama y las cuentas de las estanqueras, que poseían algún capital El redactor llega a detallar que en un talonario de cheques bancarios, en la matriz aparece un saldo a favor de la estanquera muerta de más de seis mil pesetas Dos días después, vuelve a salir Las víctimas, Matilde y Encarnación Silva a la luz el que ya se conocía como asesinato de las estanqueras Durante las semanas posteriores se percibe el apremio descargado sobre la Policía para que localizara a los criminales. Las redadas en el muelle de la Paja (ubicado frente al Pabellón de Chile) y en los Jardines de Murillo, frecuentados a horas nocturnas por homosexuales y proxenetas, precedie- Pérez Gómez (tocado con boina) tras ser detenido y trasladado en el tren correo de Madrid
 // Cambio Nodo4-Sevilla