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4 Opinión ABC DE JUEVES 11 5 2006 ABC SEVILLA. F UNDADO EN 1929 POR DON J UAN IGNACIO L UCA DE TENA DIRECTOR ABC SEVILLA: ÁLVARO YBARRA PACHECO EL GOBIERNO NO PUEDE MIRAR A OTRO LADO A crisis de las sociedades de inversión con soporte filatélico tiene todas las trazas de convertirse en un escándalo financiero gigante, tanto por el número de afectados como por la cantidad de dinero comprometido. La información disponible en estos momentos es escasa y, mientras no se levante el secreto sumarial para conocer concretamente los delitos y las posibles responsabilidades, conviene extremar la cautela a la hora de emitir juicios o recomendaciones. Pero sí parece pertinente hacer algunas consideraciones, con pronóstico nada optimista. En un negocio de confianza, sustentado en mercados no del todo organizados y transparentes, la presunta existencia de irregularidades o delitos sitúa muy cuesta arriba la recuperación de la normalidad, imprescindible para la credibilidad de cualquier transacción financiera, y más aún si es a largo plazo. El Gobierno no puede mirar a otro lado ante esta crisis ni abandonar a su suerte a cientos de miles de ahorradores que pueden perder buena parte de su dinero. Cierto es que no corresponde al Estado otorgar garantía a los negocios y las inversiones, que llevan siempre un inevitable componente de riesgo, pero tampoco es aceptable que la Administración permanezca indiferente ante ciudadanos indefensos y, probablemente, atropellados. Asombra que, a pesar de la experiencia acumulada sobre crisis financieras, vuelvan a repetirse situaciones que se parecen mucho a otras precedentes. Los sucesivos cambios de normativa, efectuados cuando ya están muy arraigadas estas compañías, basadas en patrimonios numismáticos, han pasado por alto este sector y sorteado cualquier referencia a mecanismos de control y de garantía para ciudadanos atraídos por esa modalidad de ahorro. Atribuir al Ministerio de Sanidad la competencia de supervisión y control de legalidad de una actividad decididamente financiera no es de recibo, e induce a pensar que el Gobierno y el legislador no han querido atender un problema que se veía venir. Cualquiera de los tres supervisores (seguros, Banco de España o CNMV) dispone de capacidad y competencia para evitar el desarrollo hasta el agotamiento de negocios tan financieros como el que comentamos, aunque se disfrazaran con el ropaje de compra- venta de bienes de consumo, de sellos. El Gobierno tendrá que dar explicaciones por una evidente falta de diligencia a la hora de proporcionar más seguridad a los ciudadanos. La excusa esgrimida por el portavoz del Gobierno, endosando a las comunidades autónomas la responsabilidad de vigilancia de estos casos, es inaceptable. Y, en cualquier caso, constatado el fracaso en la labor de control de las autonomías, habrá que concluir que esta materia no admite delegación en otras administraciones ni puede quedar ajena a las autoridades financieras. Al Gobierno le toca dar explicaciones y asumir la conducción del proceso de liquidación, en cooperación con los tribunales, para evitar males mayores. La pérdida de buena parte de ese ahorro no es fatal sólo para sus dueños, también tiene consecuencias macroeconómicas, por ahora de difícil evaluación. PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC SEVILLA S. L. PRESIDENTA: CATALINA Subdirectores: Benito Fernández y Manuel Capelo Redactores jefe: Ángel Pérez, Francisco Pérez, Inmaculada Navarrete, Tomás Balbontín, Manuel Contreras, José Manuel Otero y Francisco Quesada Secciones: J. Aguilar (Cierre) J. M. Igeño (Deportes) J. L. García (Continuidad) J. M. Serrano (Fotografía) J. L. Losa y J. J. Borrero (Sevilla) J. Álvarez (Cultura) M. Correa (Andalucía) y E. Navas (Economía) Director gerente: Felipe del Cuvillo. Gestión: Juan José Bonillo. Técnico y Producción: Marcial Martínez. Comercial: Javier Resa Marketing: Fernando Rebollo LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: RAFAEL BRAVO L VENDRELL Y LA DECENCIA DEMOCRÁTICA A información que hoy publica ABC acerca del nuevo responsable de Gobernación en la Generalitat de Cataluña hace imposible la continuidad de Xavier Vendrell en dicho cargo. En efecto, el actual consejero participó en 1989 y 1991 en dos atentados con bombas contra una oficina del INEM y contra una estación eléctrica, y reconoció los hechos ante el juez, así como su militancia en la banda terrorista Terra Lliure. Con independencia de los posteriores avatares procesales del caso, es evidente que una persona de estas características queda descalificada automáticamente en términos políticos para ocupar un alto cargo, mucho más si ello implica el mando efectivo sobre la Policía autonómica. Si a esto se suma la investigación abierta por la Fiscalía en relación con los peculiares métodos de Vendrell para recaudar fondos en favor de su partido (mediante amenazas y chantajes hacia empleados públicos) la situación alcanza unos límites que no pueden admitirse ni un minuto más. El contexto político no puede ser más disparatado. ERC, aunque jugó al equívoco en la votación del Senado (que aprobó ayer el Estatuto por una exigua mayoría de 128 síes frente a 125 noes) rechaza el texto por la presión de las bases sobre unos dirigentes incapaces de controlar dichas reacciones dadas las características asamblearias en el funcionamiento del partido. Resulta, pues, que el principal apoyo del PSC en el tripartito está en contra del proyecto que ha llenado en su integridad la presente legislatura, con grave deterioro de Pasqual Maragall y con una sorprendente recuperación de CiU de la mano del Gobierno socialista, aliado a su vez de Esquerra en el Congreso de los Diputados. El escenario podría mover a la hilaridad, si no fuera porque afecta gravemente a los ciudadanos y a la propia imagen de Cataluña en el resto de España y en el extranjero, como ha declarado sin rodeos el propio Jordi Pujol. El deterioro del Ejecutivo catalán es irreversible, aunque las maniobras de Maragall y su eventual entendimiento con Carod- Rovira están generando un fuerte malestar tanto en el PSC como en los republicanos. ERC pide una ruptura pactada, que deje abierta la puerta para una reedición futura del pacto de gobierno, frente a la postura de un amplio sector del socialismo catalán que se plantea seria- L mente una gran coalición con CiU. Todos estos juegos de salón, más o menos ilusorios, quedan ahora en segundo plano. Por razones éticas, Vendrell debe dejar su cargo de inmediato para no causar un grave deterioro a la legitimidad del sistema. La práctica de actos terroristas tiene su sanción pertinente por vía penal, pero conlleva también una inhabilitación moral que ningún partido democrático puede tomarse a la ligera. Maragall ha incurrido en una irresponsabilidad al nombrar a este consejero, superando todas sus actuaciones anteriores. Después del Carmelo y del escándalo del 3 por ciento, parecía imposible que la legislatura pudiera ir a peor, pero es evidente que el tripartito lo está consiguiendo. Después de una larga etapa en la oposición, el PSC ha desperdiciado su primera legislatura en el Gobierno, obsesionado por dedicarse en exclusiva al Estatuto y secundar así a Rodríguez Zapatero en su absurda decisión de cuestionar el modelo territorial vigente. Es probable que los ciudadanos catalanes pasen la factura no sólo en las elecciones autonómicas, sino también en un referéndum que se presenta con unas expectativas muy limitadas para los grupos que apoyan el texto. Las encuestas habían demostrado, por activa y por pasiva, que no era ésta la preocupación principal de la opinión pública. El fracaso de la legislatura catalana cae, por tanto, en el balance negativo de Zapatero y Maragall. Pero todo ello forma parte de las estrategias políticas y tendrá en su día las consecuencias que procedan. En cambio, el caso Vendrell afecta a los principios intangibles de la decencia democrática y al respeto que se debe a la dignidad de los cargos públicos. Poner las bombas y luego ser el jefe de los policías parece el argumento de una película cómica. Lo triste es que se trata de un hecho real, que afecta al Gobierno de una comunidad autónoma y, por eso mismo, al Estado social y democrático de Derecho establecido por la Constitución española. La misma que, de forma encubierta, está siendo cuestionada por los intereses puramente partidistas que han llevado al nombramiento de Vendrell para un puesto tan significativo. Zapatero debería reflexionar sobre las consecuencias que trae consigo llegar a pactos políticos con un partido antisistema, capaz de albergar en su cúpula directiva a personas con tales antecedentes. ¡ENHORABUENA, SEVILLA! miles de sevillanos y andaluces que anoche hicieron causa común con el equipo sevillista en la noche mágica de Eindhoven. Porque fuese cual fuese el resultado, toda Sevilla está de enhorabuena. El nombre de la capital de Andalucía fue anoche- -y seguirá siendo hoy y en los próximos días- -una referencia en todo el mundo gracias a un éxito deportivo que ningún equipo de fútbol andaluz había conseguido jamás. Sevilla y el club sevillista han conseguido que Andalucía, tal y como reconcía ayer el presidente de la Junta, Manuel Chaves, recupere un protagonismo que se tenía más que merecido y que el club hispalense hizo anoche realidad. Sólo cabe, en estos momentos de celebración y más que merecida euforia sevillista, felicitar a cuantos han logrado hacerse con un título, el de campeón de la Copa de la UEFA, cuyo logro es, también, una consecución de muchos sacrificios. El Sevilla está de fiesta, una fiesta que tiene que ser compartida por toda su ciudad y por el resto de Andalucía sobre quienes repercutirán las consecuencias de esta Copa europea tan brillántemente conseguida. E L resultado del encuentro no deja lugar a la más mínima duda. El Sevilla se proclamó anoche campeón de la Copa de la UEFA goleando al Middlesbrough inglés y culminando así una magnífica temporada tras celebrar su centenario. Con este título europeo, conseguido cincuenta y ocho años después de que el Sevilla levantara su último trofeo oficial, el club de Nervión culmina una meteórica progresión desde su ascenso a Primera en el año 2001. El sevillismo ha tocado la gloria con las manos bajo la presidencia de José María del Nido y no ha podido recoger un mejor fruto de los aciertos de su gestión deportiva, económica e institucional, pero en esta hora del éxtasis sevillista debe reconocerse el trabajo iniciado antes de aquel ascenso por el presidente Roberto Alés y por su mano derecha en el plano deportivo, Monchi, todavía responsable de esta parcela en la entidad. Lo mismo cabe decir de cuantos técnicos y jugadores han ido contruyendo, a pequeñas y grandes zancadas, sin un solo retroceso, este Sevilla capaz de provocar tan inmensa felicidad en sus aficionados y, de camino, de