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76 CULTURA DOMINGO 14 s 3 s 2010 ABC Adiós a Miguel Delibes La voz más pura del castellano Con Delibes se ha ido la voz que mejor reflejó un modo de ser y de hablar que hoy se está perdiendo en la Castilla en la que él vivió. Delibes fue notario fiel de esos modos y sus novelas están llenas de términos popular- rurales que él conocía a la perfección POR JORGE URDIALES MADRID. La Castilla rural que nos muestra Miguel Delibes en sus novelas tiende a desaparecer. Sus personajes han dejado de existir o ya son muy mayores, y el léxico se va perdiendo. Cuando Delibes escribió El camino en 1950, en la Castilla de entonces se enjaretaba a los machos para la fiesta, se pescaban cangrejos de río con araña oretel yse cogían lecherines para los conejos. Más de medio siglodespuésloshombresy mujeres de la Castilla rural usan muchas veces el coche cuando van a la ermita de su pueblo, el cangrejo americano ha hecho desaparecer al español a fuerza de repoblación y a los conejos se les da pienso compuesto ya preparado. Delibes reflejó perfectamente los modos de hablar, de hacer y de ser de los castellanos. Sabía, y así nos lo dejó escrito en Un mundo que agoniza que al hombre se le estaba arrebatando la pureza del agua y del aire pero también que se le estaba amputando el lenguaje. Lo que Miguel Delibes refleja en sus novelas es todo un discursopopular- rural queha venido latiendo en Castilla durante los últimos siglos. Discurso que nosólo abarca lostérminos empleados por sus hablantes, sino también las expresiones y el carácter castellano a través de los personajes de sus novelas. Su narrativa se nutre también de otros discursos como el de términos marineros (ochenta y seis en todas sus novelas) o el de palabras de origen hispanoamericano (cuarenta y seis) o francés. El centro de su novelística es, sin embargo, el discurso popular- rural castellano. Delibes nos enriquece y deleita en las páginas de sus libros con más de mil refranes, dichos, ex- presiones, sentencias, locuciones y comparaciones, que dan sazón y sustancia a sus novelas en el momento adecuado. Las hayde caza: aespetaperro, acascaporrillo, abocajarro, a quemarropa; religiosas: ¡Alabado sea el Señor! a la buena de Dios, como Dios manda... Y también se percibenlasesenciasdelopopular- rural en muchos de sus personajes; son seres únicos, irrepetibles, pero también tipos que se dieron con frecuencia en la Castilla rural. La riqueza de términos de tipo popular- rural en sus novelas es evidente. Delibes consiguió recoger las voces y expresiones que fue escuchando durante décadas por pueblos como Villafuerte, Castrillo Tejeriego, Quintanilla de Onésimo, Peñafiel, etcétera. Rastreando página a página las novelas de Delibes he encontrado 1.469 términos específicamente populares- rurales que forman parte de su discurso narrativo. La mayoría de ellos (1.040) aparece con su significado preciso en el Diccionario de la RAE, pero hay 329 que no. Al clasificar estas palabras en los distintos aspectos que conforman lo popular- rural he comprobado, por ejemplo, que Delibes es más aficionado a la caza que a la pesca. De caza se encuentran en sus novelas 122 términos. De pescasólo 39. Deli- Miguel Delibes, paseando por los alrededores de su casa de Sedano, en Burgos bes es, además, hombre de caza menor: la perdiz, la liebre y el conejo son los animales más nombrados. Ha conocido perfectamente el modo de actuar de estos animales y nos cuenta que mientras la perdiz apeona antesde echar avolar, la liebre se amona en la cama y el conejo embarda en el vivar. Hay muchos términos referidos a las labores agrícolas que son citados por Delibes y que hoy la gente ya no conoce. Se dan casos como el del trillo, que ha pasado de ser uno de los aperos más comunes por estos pueblos a mueble decorativo en salones y bodegas. Sobre la gente del campo castellano siempre se cierne la preocupación de la meteorología. Dice Delibes que el cielo es tan alto en Castilla porque los labradores lo han levantado de tanto mirarlo. Y llega a nombrar en sus novelas 28 accidentes meteorológicos. Por ejemplo, distintos tipos de lluvia fina como el calabobos las aguarradillas de abril o las asperezas Las nubes pueden ser nublados que traigan piedra El sol quizá se quede en resolillo o llegue a solisombra y el cielo un día estará entoldado y otro enrasará HERAS LA SOMBRA DEL CIPRÉS Era profundo y claro. Y tan sobrio, sutil, intenso y azulado como los cielos limpios de la estepa pasó la vida contando historias llenas, hablándonos de gente tenaz o naufragada, convirtiendo en un arma la inocencia o la pena, disputándole el voto a las urnas del alba y degustando a sorbos exactos un tesoro: el cáliz- -sol y polvo- -de su Castilla blanca. Morirse así, de viejo, lúcido y casi, casi centenario, es una última muestra de decoro. A Delibes lo tengo muy leído, y más que conocido, incorporado. Hay pocos novelistas de quien pueda decirse que son un nombre propio de su siglo. Y Don Miguel, este Miguel que ahora ha cerrado los ojos para quedarse mudo, se lleva a otros diarios su soliloquio eterno, su cita con la hierba madrugada, y la niñez de todos los que fuimos, leyéndole, más dúctiles y sabios. Delibes era suyo, y de nadie y de todos. Le hizo un traje de luz al castellano. Yo le debo mi propia arquitectura. Y una sombra que siempre se alargaba con uno de sus libros en las manos. Laura Campmany Lo que Miguel Delibes refleja en sus novelas es todo un discurso popular- rural que ha venido latiendo en Castilla durante los últimos siglos ué dulce y hospitalaria será la sombra de su ciprés. Ésa que pronto se alargará, con la estación florida, sobre la tierra que lo acoja en su seno. A él, que la trató con respeto, y la hizo prosa de grano duro, y la aventó como quien echa a volar un milano. Hay personas que con sus obras dan ejemplo del día, se cumplen a sí mismas, perseveran, se tornan incesantes como el rayo, declinanlos honores vulgares o mezquinos, y van desenredando la verdad cuerda a cuerda, y hacen sólo con pasos su camino. Miguel Delibes era profundo y claro. Era monotemático y complejo. Y tan sobrio, sutil, intenso y azulado como los cielos limpios de la estepa. Y se Q
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