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42 SEVILLA DOMINGO, 2 DE DICIEMBRE DE 2012 abcdesevilla. es sevilla ABC Desde Sierpes nunca dejará de sorprender la visión de este templo, que desde el siglo XVI sobrevive a piquetas, ataques y olvidos La capillita de San José, el remanso barroco AURORA FLÓREZ SEVILLA P arece mentira que allí, tras esa fachada que nunca deja de sorprender en el remanso que se forma de Sierpes a Tetuán, en la calle Jovellanos, quepa esta joya del barroco y de la propia historia de Sevilla. Porque el espacio de la capillita de San José engaña a los ojos desde el exterior y aun intramuros, asfixiada entre retruécanos sacros de un horror vacui controlado y casi olvidado espanto de alguno de sus recuerdos. Y si se embuten en este espacio con arte el retablo de Cayetano de Acosta, obras de Lucas Valdés, Pedro Roldán y Duque Cornejo, la Divina Pastora y el Cristo de Medinaceli, con habilidad también caben en un mínimo rascacielos en altura y anchura cuatro celdas para los cuatro padres capuchinos que custodian la capilla y atienden espiritualmente a una feligresía variopinta, que se nutre de viejos vecinos del más céntrico eje del casco histórico de Sevilla y de algún nuevo habitante que llega a repoblar una zona eminentemente turística, que el superior de los capuchinos, el padre Fernando Linares Fernández, recuerda desierta, abandonada cuando llegó en los años noventa. No carece de visitas de turistas- -que no dejan ni un céntimo- -ni de fieles que asisten a las misas diarias y que generosamente colaboran con esas limosnas que ayudan a mantener este reducto de paz en la vorágine del centro. En la sacristía, con el fondo de los trinos de un canario y con fray Leopoldo de Alpandeire mirando dulcemente desde el retrato en un cuadrito de sobremesa, el padre Fernando cuenta La urgencia: caída de un cielo raso La capillita de San José ha sufrido recientemente la caída del cielo raso de un pequeño recibidor que la comunidad capuchina utiliza también para confesar a personas sordas y en el que, afortunadamente, en el momento del derrumbe, no había nadie. Su arreglo es otra de las necesidades que se suma a las humedades y pérdidas en las frescos de las bóvedas y cúpula que padece la capilla, algunas de ellas debidas al infausto ataque de 1931, en las que ya hay zonas completamente desdibujadas. la historia de la capillita, marcada por el incendio y el saqueo que sufrió en mayo de 1931 a manos de la barbarie republicana, que causo grandes pérdidas y se llevó por delante muchas obras de arte, entre ellas un pequeño crucificado de Martínez Montañés, del que sólo queda la cabeza, o un retrato atribuido a Velázquez- dejó un agujero en el techo y la fotofija en sepia de la escultura carbonizada del beato fray Diego José de Cádiz llevada a hombros por el puente de Triana antes de ser arrojada al río. Quedó en pie la capilla, que no es poco apunta el superior de los capuchinos, una comunidad que a lo largo de los años se ha ocupado de reponer las pérdidas con Ésta es la espectacular y siempre sorprendente vista de la fachada principal de la capilla de San José desde la calle Sierpes Cabeza de un pequeño crucificado de Martínez Montañés mutilado en mayo de 1931
 // Cambio Nodo4-Sevilla