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16 OPINIÓN DOMINGO, 24 DE MARZO DE 2013 abcdesevilla. es opinion ABC LA TRIBU TRIBUNA ABIERTA ANTONIO GARCÍA BARBEITO AUMENTATIVOS Y DIMINUTIVOS ALFREDO JIMÉNEZ NÚÑEZ Catedrático emérito de la Universidad de Sevilla COCODRILO DÓNDE Lo que será salir a pasear con el recelo de que entre la yerba aparezca un bicho de esas dimensiones ABEMOS que entonces, al menos en nuestra zona, no había letreros de los que vemos ahora en los que leemos que a alguien le ha desaparecido de su casa un perro o un gato, y coloca avisos, con fotografía del animal incluida, rogando que si alguien sabe de su paradero, llame por favor al número tal, y aun a veces lo dicen con ofrecimiento de recompensa. Entonces bastaba con andar preguntando en la casa de algunos vecinos, aunque lo normal es que casi todos los animales vagaran por las calles como si siempre estuvieran perdidos de todos los sitios. Hoy, el trato con los animales es distinto, en muchísimos casos, y es normal y yo lo entiendo, y lo haría que quien pierde a un animal con el que lleva años encariñado, se desespere y ponga letreros de avisos en los cristales de tiendas, en las farolas o en cualquier fachada donde lo permitan. El último perro que entró en mi casa no se había perdido, lo habían abandonado por un problema en los párpados inferiores. Hoy, aunque le abriera las puertas, no se iría. Pero si es normal, y triste, ver letreros de avisos de animales que se han perdido, es muy extraño que en nuestra tierra andaluza coloquen letreros de peligro, porque alguien ha visto en algún sitio, quizá perdido... ¡un cocodrilo! No un pastor alemán, un labrador o un podenco, no un gato de angora, ¡un cocodrilo! Palabras mayores. Uno puede prestar atención por la calle, a ver si ve el gato o el perro de la fotografía, pero a ver quién es el guapo que se pone a dar un paseo por Mijas y alrededores, a ver si ve un cocodrilo de dos metros que lo más seguro es que, al vernos, piense que ya tiene la merienda asegurada. Si a los chiquillos nos causaba respeto hurgar en las cuevas de lagartos para cazarlos con lazo, imagino lo que será salir a pasear con el recelo de que entre la yerba aparezca un bicho de esas dimensiones y le dé por avanzar hacia uno y abra esa boca que es un dentado puente levadizo... No sé si hará falta que venga el actor Paul Hogan a interpretar a Cocodrilo Dundee, pero alguien debe venir para saber, en los alrededores de Mijas, de ese Cocodrilo Dónde que, según dicen, alguien compró del tamaño de una pescadilla y cuando ha visto crecer al bicho, y lo que el bicho necesitará para alimentarse, le ha abierto la puerta de toriles y le ha dicho vete por ahí a buscarte la vida, que también, si ha sido así, es para coger al tío y colocarlo de dentista de cocodrilos, sin anestesia. Así andará la gente, que sentirá moverse la yerba y dará cien mil euros por un barranco. En el aviso, sobra la foto, además. gbarbeito telefonica. net S Los aumentativos son generalmente zafios o desagradables. Se cae uno en la calle, y la gente exclama: ¡Qué guarrazo! T ODO idioma tiene recursos propios para significar lo que se quiere decir. El español tiene un recurso extraordinario en los aumentativos, diminutivos y otras terminaciones para expresar matices y sentimientos que salen del corazón más que de la lengua. La flexibilidad y riqueza del castellano en este terreno es grande, tal vez única. La crisis y la corrupción están favoreciendo el uso y número de este modo de lenguaje: tijeretazo, decretazo, mangazo, calentito. Aumentativos y diminutivos son muestra, supongo yo, de nuestra tendencia a la exageración y nuestro gusto por lo pequeño e íntimo. Es decir, los extremos. Fulano tiene un cochazo Menganita tiene un corazoncito de oro El ser humano tiene preferencia por la cantidad y el tamaño. Caballo grande ande o no ande Algunos van con un todoterreno y sin más tierras que las macetas de la terraza. El hombre bajito pretende ser más alto (nunca, más bajo) algunos recurren a las cuñas en el zapato, como el expresidente francés Nicolás Sarkozy. Las mujeres (no me consta el caso de Carla Bruni, madame Sarkozy) prefieren la anchura a la estatura, y muchas recurren a la silicona. La comparación es otro gran recurso del habla andaluza: Fulano está más tieso que una vela y no hay que decir más sobre la economía del nombrado. O la metáfora y la ironía: Menuda boquita tiene la niña para no llamarla bocaza A veces, el habla popular crea términos que contradicen lo que se está diciendo literalmente. Creo que fue Antonio Burgos (a cuyas espaldas de papel me honro escribir) quien con admiración y respeto definió a nuestro último Cardenal (hombre de gran estatura y porte) como ¡Pedazo de Arzobispo! Pedazo entre nosotros, no es parte separada del todo, sino que significa mucho o grande. Hay aumentativos y diminutivos en italiano, pero menos que en español. Y apenas los tiene el francés. De José María Aznar se dice que es bajito A su colega francés hay que llamarle le petit Sarcozy El inglés, idioma no latino, y nuestro único rival en el mundo, no dispone de sufijos para indicar grande o chico. La gran campana de la Torre de Londres es el Big Ben en recuerdo al Gran Ben (Benjamín) que lo construyó. Un hombre grande es big man Una cosita es little thing Creo que sólo en México se usan los diminutivos más que en Andalucía. Esto se debe, al menos en parte, a que el náhuatl (la lengua de los aztecas) también posee sufijos para modificar el sustantivo. Aunque el diminutivo sólo lo aplicaban a las cosas, no a las personas, pues tenía una connotación de inferioridad o desprecio. Se podría decir casita, pero no hombrecito. El soberano o gran tlatoani era el huey tlatoani Pienso que el gusto del pueblo mexicano por el diminutivo es herencia de la servidumbre del indio y un reflejo de la modestia del campesino; una mezcla de respeto o humildad natural, de cortesía y moderación. En Andalucía hay mucho de esto último. Hasta el más sediento pide en casa o en el bar un vasito de agua Si pide un tinto natural el camarero le responderá con una pregunta: ¿Un riojita? (Y digo yo, ¿por qué no un riberita del Duero ¿Una cervecita? Sí, pero en jarra grande Porque no es el tamaño sino la actitud. Hay palabras que se prestan de manera especial al diminutivo. De madre o mamá surgen madrecita, mamita, mamaíta. Lo de omaíta es una chabacanería. Y me suena a blasfemia oír de algo muy bueno que está de puta madre Chico se achica aún más cuando decimos chiquito, chiquitito, chiquirritín (como en el villancico) La terminación in es muy sonora. Un segundín es la mínima unidad de tiempo, aunque puede ser una eternidad cuando la telefonista nos dice: Espere un segundín Y, además, lo dice con retintín. Papelín y papelina significan cosas muy distintas: un papel muy breve en la comedia y una porción de droga en la tragedia. Papelón es la medida sevillana para el pescao frito. Entre los políticos, el papelón es como el sapo que tienen que tragarse con frecuencia. No todas las terminaciones o modificaciones indican tamaño. Hay palabras insultantes con finales que pueden contener aprecio o confianza. Cabrón (que suena a aumentativo, aunque sólo es el macho de la cabra) tiene dos variantes muy diferentes: cabronazo y cabroncete. Mamón, mamoncillo, mamoncete se le dice al amigo y al bebé. El tono y la ocasión hacen la diferencia. Hay palabras que desaparecen cuando desaparece su objeto o función. Ya no hay queridas en el sentido antiguo de mujer amancebada En su tiempo, hasta tenía variantes de sutiles matices como querendona y querindanga. También ha desaparecido entretenida y mantenida o querida con piso y a mesa puesta. Algo tan costoso daba al querido un estatus especial. Hay otros muchos ejemplos de variedad. De mujer: mujerona, mujerzuela, mujercilla. Para el hombre hay mujeriego, pero no hay hombreriega Los hombres se sentaban a la puerta del casino para ver pasar el mujerío Derivado de amigo tenemos amiguito (del alma) amiguete, amigote, amigorro (peor aún si es gorrón) Los aumentativos son generalmente zafios o desagradables. Se cae uno en la calle, y la gente exclama: ¡Qué guarrazo! Pasa un borracho tambaleante y el pueblo exclama: ¡Vaya tablón! Los diminutivos son otra cosa: Estoy muertecita de frío Está muy malita y la mujer se está muriendo. Un cafelito y una tostadita Calzón es aumentativo de calza (pantalón) prenda masculina que ha hecho suya la mujer. Su uso en plural, y con más aumento, es abundante en la tradición oral española. Calzonazos es el hombre excesivamente condescendiente con su mujer cuando es ella la que lleva los pantalones en casa. Como pieza que tapa las partes pudendas, las metáforas son muy corrientes. Los políticos acusan al rival de bajarse los calzones Nada más excitante (políticamente hablando) que contemplar en el Congreso cómo las Sorayas (vicepresidenta y portavoz de la oposición, respectivamente) se enfrentan desde sus escaños a calzón quitao sin tapujos. En fin, que unas veces la realidad juega con las palabras y otras veces es al revés. Hoy, la persona más querida es mantenida por los que de verdad la quieren. ¡No es el lenguaje, Dios mío, es la crisis!
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